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	<title>Siracusa 2.0 &#187; Hojas de Siracusa</title>
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	<description>El eterno retorno de las utopías</description>
	<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 21:22:00 +0000</pubDate>
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		<title>Ascenso desde la esclavitud: No existió tal edad de oro perdida de la libertad</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Apr 2010 02:59:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Siracusa 2.0</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Agregador]]></category>

		<category><![CDATA[Hojas de Siracusa]]></category>

		<category><![CDATA[anarcocapitalismo]]></category>

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		<category><![CDATA[libertarismo]]></category>

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		<description><![CDATA[David Boaz, vicepresidente del Cato Institute, critica la nostalgia libertaria de un pasado idealizado]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para muchos libertarios, &#8220;camino de servidumbre&#8221; no es sólo el título de un gran libro, sino también la ventana por la que contemplan el mundo. Perdemos la libertad un año tras otro, creen. Citan (citamos) a Thomas Jefferson: &#8220;El progreso natural de los asuntos es que la libertad ceda y el gobierno gane terreno&#8221;. Leemos libros con títulos como <em>Libertad encadenada</em>, <em>Derechos perdidos</em>, <em>El ascenso del control federal sobre la vida del americano común</em> y, claro, <em>Camino de servidumbre</em>.</p>
<p>El texto de presentación del Cato Institute incluía la frase: &#8220;Desde la revolución [americana], las libertades civiles y económicas se han erosionado&#8221;. Hasta que Clarence Thomas, por entonces presidente de la Comisión de Igualdad de Oportunidades en el Empleo, pronunció un discurso en el Cato y nos señaló que los negros no acaban de verlo así.</p>
<p>Y tenía razón. Las políticas públicas estadounidenses han cambiado en muchos aspectos desde la Revolución americana; en ocasiones, en un sentido libertario, en ocasiones, no.</p>
<p>Brink Lindsey habla de una &#8220;síntesis libertaria implícita&#8221; en la política americana hoy en su libro <em>La edad de la abundancia</em>. En 2007 sostenía:</p>
<blockquote><p>Sin embargo, el hecho es que la sociedad estadounidense es hoy considerablemente más libertaria de lo que lo era hace una o dos generaciones. Comparemos las condiciones actuales a las existentes al inicio de los 60. Ya no existe la discriminación oficial contra los negros. La censura se ha batido en retirada en términos generales. Los derechos de los acusados gozan de mucho mejor protección. El aborto, el control de la natalidad, el matrimonio inter-racial y la relaciones homosexuales son legales. Las leyes sobre el divorcio se han liberalizado, mientras que las que atañen a la violación se han endurecido. Los omnipresentes controles de precios y de entrada en los sectores del transporte, la energía, las comunicaciones y financiero han desaparecido. Los tipos superiores del impuesto sobre la renta se han reducido drásticamente. Las pretensiones de control macroeconómico exhaustivo se han abandonado. Las barreras al comercio internacional son mucho más reducidas. La sindicación de la mano de obra en el sector privado se ha derrumbado. Por supuesto, existen contraejemplos, pero, en general, parece claro que la expresión cultural, las elecciones personales de estilo de vida, la empresarialidad y el juego de las fuerzas de mercado disfrutan todos ahora de mucha mayor libertad de maniobra.</p></blockquote>
<p>¿Ha existido alguna vez una edad de oro de la libertad? No, y nunca la habrá. Siempre habrá gente que desee vivir sus vidas en paz, y siempre habrá gente que quiera explotarla o imponer sus ideas a los demás. Si observamos el largo plazo -desde un pasado que incluye despotismo, feudalismo, absolutismo, fascismo y comunismo-, estamos claramente mejor ahora. Cuando miramos la historia de nuestro propio país -comparando el 2010 con 1776, o 1910, o 1950, o lo que sea- la historia no está tan clara. Padecemos bajo un montón de regulaciones y restricciones que nuestros antecesores no tuvieron que afrontar.</p>
<p>Pero en 1776 los americanos negros vivían en la esclavitud, y las mujeres casadas no tenían existencia legal más que como agentes de sus maridos. En 1910 e incluso 1950, los negros aún sufrían bajo las cadenas legales de las leyes de Jim Crow [1] -y todos sufrimos tipos impositivos confiscatorios a lo largo de la posguerra.</p>
<p>Me chocan particularmente los libertarios y conservadores que celebran la libertad de los EEUU primigenios y deploran nuestra decadencia desde aquellos días dorados, sin molestarse en mencionar la existencia de la esclavitud. Tomemos, por ejemplo, a R. Emmett Tyrrell Jr., durante mucho tiempo director del <em>American Spectator</em>. En <em>Policy Review</em> (Verano de 1987, no disponible online), escribía:</p>
<blockquote><p>Vamos a volar a una utopía predilecta. Para mí, esa sería el final del siglo XVIII, pero con aire acondicionado&#8230; Con ambos pies plantados firmemente en el suelo de mi dominio americano, y la joven bandera americana ondeando sobre mí, y el tabaco en el campo, saborearía la libertad.</p></blockquote>
<p>Supongo que Mr. Tyrrell sueña con ser un dueño de esclavos. Porque, como a buen seguro sabe, la mayor parte de la gente en esos campos de tabaco eran esclavos.</p>
<p>Tomemos un ejemplo más reciente, de un libertario. Jacob Hornberger de la Future Freedom Foundation escribe sobre el declive de la libertad en EEUU:</p>
<blockquote><p>Para empezar, hablemos del sistema económico que existía en los Estados Unidos desde la fundación de la nación hasta la última parte del siglo XIX. Los principios son fáciles de enumerar: nada de impuestos sobre la renta (salvo durante la Guerra Civil), Seguridad Social, Medicare, Medicaid, estado de bienestar, regulaciones económicas, legislación sobre licencias ni drogas, controles de inmigración, ni programas coercitivos de redistribución, como subsidios agrícolas y becas educativas.</p>
<p>No había departamente federal de trabajo, agricultura, comercio, educación, energía, salud ni servicios sociales, ni seguridad nacional.</p></blockquote>
<p>Luego, escribe:</p>
<blockquote><p>¿Por qué se consideraban libres los primeros estadounidenses? La respuesta radica en los principios enunciados en la Declaración de Independencia. Como Thomas Jefferson hizo notar en ese documento, las personas han sido dotadas por su Creador con ciertos derechos fundamentales e inherentes. Que incluyen, pero no se limitan a, el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.</p></blockquote>
<p>Pero, aguarden. ¿Se &#8220;consideraban libres los primeros estadounidenses&#8221;? Es probable que los blancos lo hicieran. Pero, ¿y los americanos negros, y sobre todo ese 90% de americanos negros que eran esclavos? Los esclavos constituían alrededor del 19% de la población estadounidense entre 1790 y 1810, cayendo al 14% hacia 1860. (En ese período, el número de esclavos creció de 700.000 a cerca de 4 millones, pero el resto de la población crecía incluso más deprisa.) ¿Olvida de verdad Mr. Hornberger que 4 millones de americanos se mantenían en la servidumbre cuando se pone tan estupendo sobre lo libre que era EEUU hasta finales del siglo XIX? Sé que el crimen de la esclavitud no le resulta indiferente. Pero demasiados de nosotros, que ensalzamos a los Fundadores y deploramos el crecimiento del Estado americano, olvidamos que dicho Estado tuvo a millones de personas encadenadas. (Hago constar que no me preocupan aquí los autodenominados libertarios que se unen a organizaciones neo-confederadas o declaran que los sureños fundaron un nuevo país y lucharon en una guerra devastadora por alguna razón distinta de la esclavitud sobre la que reposaba su sistema social y económico; me dirijo solamente a los libertarios que odian la esclavitud pero parecen subestimar la magnitud de la misma en su análisis histórico.)</p>
<p>Si tuvieran que elegir, ¿preferirían vivir en un país con ministerio de trabajo e incluso impuesto sobre la renta, o en uno con el fallo de Dred Scott [2]  y la Ley de Esclavos Fugitivos?</p>
<p>He dicho que los estadounidenses blancos probablemente se considerasen libres. Pero, en términos retrospectivos, ¿lo eran? No vivían realmente en una sociedad libre. Sufrían restricciones en las relaciones que podían mantener con millones de sus -había empezado a escribir &#8220;conciudadanos&#8221;, pero los esclavos no eran ciudadanos, claro- vecinos. Vivían bajo un poder despótico. El liberalismo no persigue solo liberar a tal o cual persona, sino crear un imperio de la ley que ejemplifique una igual libertad. Según ese baremo, ni siquiera los dueños de plantaciones vivían en una sociedad libre, como tampoco la gente en los estados &#8220;libres&#8221;.</p>
<p>Hornberger continúa:</p>
<blockquote><p>Surge una pregunta crítica: ¿Qué significan los derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad? Para nuestros atecesores estadounidenses, tales derechos significaban más que la ausencia de coerción física, por ejemplo, no ser encarcelado.</p>
<p>La libertad también significaba el derecho a criticar a los funcionarios del gobierno y protestar ante sus acciones sin recibir castigo por ello.</p>
<p>Significaba el derecho de rendir culto, cada uno a su manera particular, o, de otro lado, no rendir culto.</p>
<p>Significaba el derecho a poseer y portar armas, no solo como protección contra los criminales e invasores, sino también para asegurar que el pueblo conservaba el derecho a resistir la tiranía.</p>
<p>Significaba la protección de procedimientos seculares en caso de procesos penales federales, incluyendo el habeas corpus, el derecho a la asistencia legal, el juicio por jurado, la libertad provisional, procesos ajustados a derecho y protección frente a las confesiones forzadas, registros arbitrarios y castigos crueles e insólitos.</p>
<p>Para nuestros antecesores, sin embargo, la libertad significaba incluso más que eso, y ahí nace la fricción con los progresistas de hoy. La libertad, según sostenían nuestros antecesores, también significaba el derecho a conservar todo lo que se poseía y a decidir por uno mismo qué hacer con ello. Todos tenían el derecho, argüían, a buscar una ocupación u oficio sin solicitar el permiso del Estado. Tenían el derecho de establecer tratos mutuamente beneficiosos con otros que hacían lo mismo.</p></blockquote>
<p>Y de nuevo digo que, cuando se refiere a &#8220;nuestros antecesores estadounidenses&#8221;, piensa sólo en nuestros antecesores blancos. Quizás sólo de nuestro antecesores blancos masculinos. Incluso quizás sólo de nuestro antecesores blancos masculinos terratenientes. Muchos millones de estadounidenses leerían estos párrafos y dirían: &#8220;Mis antepasados no tuvieron el derecho de rendir culto a su manera. Mis antepasados no tuvieron el derecho de poseer y portar armas. Mis antepasados no tuvieron la protección de procedimientos seculares. Mis antepasados, segurísimo, no tuvieron el derecho de conservar lo que producían, ni de buscar una ocupación de su elección, ni de establecer tratos mutamente beneficiosos. De hecho, mis antepasados no tuvieron siquiera el mínimo derecho a la ausencia de coerción física.&#8221;</p>
<p>Probablemente he sido culpable de parecidas exaltaciones irreflexivas y ahistóricas de nuestro glorioso pasado libertario. Y simpatizo enteramente con la preferencia de Hornberger por un mundo sin la sopa de letras de agencias federales, programas de redistribución, legislación sobre drogas, etc. Pero creo que esta perspectiva histórica es incorrecta. Sin duda, una de las razones de que los libertarios no hayamos persuadido a tanta gente como nos gustaría es que muchos estadounidenses no creen que estemos en el camino a la servidumbre, ni sienten que hayamos perdido todas nuestras libertades. Y, en particular, si queremos atraer gente distinta de blancos <em>hetero</em> a la causa libertaria, será mejor que dejemos de hablar como si pensásemos que  la perspectiva blanca <em>hetero</em> es la única que importa. Durante los últimos 70 años, más o menos, los conservadores se han opuesto a las demandas de igual respeto e iguales derechos de judíos, negros, mujeres y homosexuales. Los libertarios no se han opuesto a estas solicitudes de libertad, pero con demasiada frecuencia, nosotros, o nuestros precursores, les hemos prestado demasiado poca atención. Y una de las maneras de las que lo hacemos es diciendo &#8220;los estadounidenses eran libres, pero ya no lo son&#8221; -un argumento histórico que no le suena verdadero a una cantidad terrible de estadounidenses judíos, negros, mujeres y homosexuales.</p>
<p>Pero no se trata sólo de un error estratégico. Es un error. Es una cuestión complicada si en algún momento del pasado fuimos más libres. Yo tendería a decir que no. Pero es, cuando menos, una cuestión difícil.</p>
<p>Hornberger enumera muchas agencias federales y programas que no existían en el siglo XIX. Pero eso no significa que aquella era fuese un paraíso libertario. Como escribió Jonathan R. T. Hughes en <em>The Governmental Habit Redux</em>, &#8220;la mayoría de los estudios sobre el control ajeno al mercado consideran que la historia relevante llega hasta el New Deal. Unos pocos van más allá, hasta el siglo XIX. Pero, de hecho, el hábito fuerte y continuo del control ajeno al mercado en nuestra economía llega siglos atrás. Algunas de estas tradiciones no sobrevivirían, otras se harían incluso más poderosas, mientras que otras ascenderían al nivel de control federal. El origen colonial fue como un &#8220;acervo genético&#8221; institucional. La mayoría de las instituciones y prácticas coloniales sobreviven hoy de alguna forma, y hay muy poco de los controles ajenos al mercado que no tenga un precursor colonial o inglés.&#8221;</p>
<p>La cuestión dramática de la esclavitud nos recuerda que el nivel impositivo o el número de agencias federales no es de ninguna manera la única medida de la libertad. Y podemos imaginar otros ejemplos en los que el común énfasis libertario en cuestiones económicas nos podría confundir.</p>
<p>E.J. Dionne Jr., columnista del <em>Washington Post</em>, presenta este reto para abogados del &#8220;Estado reducido&#8221;: imaginemos la elección entre &#8220;una dictadura en la que el Estado no proporciona programas de seguridad social, sanidad, bienestar, o pensiones de ningún tipo&#8221; y &#8220;recauda impuestos relativamente bajos que se destinan casi por entero a mantener grandes fuerzas militares y policiales secretas, que habitualmente matan o encarcelan a personas por sus opiniones políticas o religiosas&#8221;, y &#8220;una democracia con elecciones libres y libertad total de expresión y culto [que] recauda impuestos más altos que la dictadura para mantener un extenso Estado de bienestar&#8221;. &#8220;El primer país podría técnicamente tener un &#8216;Estado reducido&#8217;, escribe Dionne, &#8220;pero sin duda <em>no</em> es una sociedad libre. El segundo país tendría un &#8216;Estado grande&#8217;, pero es de hecho una sociedad libre&#8221;.</p>
<p>Esta comparación presenta algunos problemas, no siendo el menor la aparente opinión de Dionne de que los impuestos altos no limitan la libertad de los obligados a pagarlos. Y la escasez en el mundo real de dictaduras con policías secretas que tienen impuestos bajos. Pero miremos solo a lo que podría denominarse el &#8220;Estado reducido&#8221;. Medido como porcentaje del PIB o por el número de funcionarios, el segundo Estado bien puede ser mayor que el primero. Medido por el poder y el control que ejerce sobre los individuos y la sociedad, sin embargo, el primer Estado es sin duda mayor. Los libertarios quieren un Estado limitado en tamaño, alcance y poder.</p>
<p>A menudo nos centramos en el tamaño del Estado, medido como el porcentaje del PIB recaudado y gastado por el Estado, lo que constituye un dato importante y mensurable. Pero nuestra preocupación real es el poder. ¿Qué tipo de poder ostenta el Estado sobre el pueblo? Las instituciones estatales poderosas tienden a ser grandes, pero eso no significa que un Estado más grande ejerza necesariamente más poder. Imaginemos un pueblecito que añade dos agentes a su cuerpo de policía. Ahora tiene más agentes, y eso cuesta más dinero; el Estado es &#8220;mayor&#8221;. Pero, si los agentes hacen ahora un trabajo mejor deteniendo a criminales violentos y protegiendo las vidas y propiedades de la gente -y se abstienen de detener y molestar a los honrados-, entonces el Estado no ha expandido su poder. De hecho, son mejores ocho agentes protegiendo vidas y propiedades que seis agentes haciendo cumplir leyes antidroga o religiosas. Deberíamos centrarnos en lo que de verdad es importante: el ejercicio de poderes arbitrarios sobre otros. Y, a ese respecto, la esclavitud y la conscripción, entre otras cosas que afean partes de nuestro pasado americano, arrojan una sombra muy larga.</p>
<p><strong>David Boaz es vicepresidente ejecutivo del Cato Institute y autor de <em>Libertarianism: A Primer</em> y <em>The Politics of Freedom</em>.</strong></p>
<p>_____<br />
<em>Ascenso desde la esclavitud</em> (<em>Up from slavery</em>) es el título de la autobiografía de Booker T. Washington, político, pedagogo, escritor y líder de la comunidad negra estadounidense en el tránsito del siglo XIX al XX.</p>
<p>[1] - Las leyes de Jim Crow eran la denominación peyorativa de la legislación local y federal que consagraba la segregación racial en EEUU entre 1876 y 1965.</p>
<p>[2] - Dred Scott fue un esclavo negro que litigó en St. Louis, Missouri, para ganar la libertad. El fallo del Tribunal Supremo (1857) dictaminó que los esclavos no eran ciudadanos y no estaban protegidos por la Constitución de los EEUU.</p>
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		<title>&#8220;Para saber qué es el nacionalismo y desactivar sus efectos es imprescindible interpretar sus textos&#8221;. Entrevista con Francisco Caja</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Mar 2010 02:38:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge San Miguel Lobeto</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Hojas de Siracusa]]></category>

		<category><![CDATA[Cataluña]]></category>

		<category><![CDATA[Catalunya]]></category>

		<category><![CDATA[Francisco Caja]]></category>

		<category><![CDATA[La raza catalana]]></category>

		<category><![CDATA[Libros]]></category>

		<category><![CDATA[nacionalismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Francisco Caja, profesor titular de Estética en la Facultad de Filosofía de la UB y presidente de Convivencia Cívica Catalana, ha tenido la amabilidad de responder a unas preguntas en torno a su libro <em>La raza catalana</em>. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Francisco Caja, profesor titular de Estética en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona y presidente de Convivencia Cívica Catalana, ha tenido la amabilidad de responder a unas preguntas en torno a su libro <a title="La raza catalana en Neoconomicón" href="http://neoconomicon.com/2010/01/22/la-raza-catalana/"><em>La raza catalana</em></a>. Estas son sus reflexiones para los lectores de Siracusa.</p>
<p><strong>Pregunta.</strong> Como señala en la introducción de <em>La raza catalana</em>, ha escogido para su trabajo el enfoque opuesto al de Ernst Gellner; es decir, centrarse en los discursos de las principales figuras del nacionalismo, en lugar de en sus “condiciones de posibilidad”. ¿Cuál es el motivo de esta elección?</p>
<p><strong>Respuesta.</strong> La aportación de Gellner al esclarecimiento del nacionalismo es de tal magnitud que uno corre el riesgo de parecer un idiota al contradecirle. Pero creo haber demostrado, sé que esta es una presunción dictada por la vanidad, las ventajas de tomar en serio unos textos, los de los nacionalistas, que, es cierto, no son un modelo de rigor teórico. No hay que confundir rigor teórico con eficacia doctrinal. Mi posición en esto debe ser calificada de <em>freudiana</em>: el blablablá del paciente, la asociación libre, es el material sobre el que recae el análisis y por el que se llega a la “verdad” del paciente&#8230; Dicho de otro modo: para saber no sólo lo que es el nacionalismo sino también desactivar sus efectos es imprescindible interpretar sus textos; no basta con denunciar  los errores de su doctrina. Para decirlo de forma irónica: los nacionalistas son inasequibles al desaliento, al documento y al argumento. Para combatirlos es necesario una estrategia interpretativa diferente: sólo a partir de lo que dicen es posible descubrir la fantasía que anima su discurso y le proporciona su eficacia. Es lo que he intentado hacer en mi libro.</p>
<p><strong>P.</strong> <em>La raza catalana</em> contradice la percepción habitual de que el nacionalismo catalán tiene un carácter civil, político, cultural en todo caso, frente al etnicismo del nacionalismo vasco. Además, como menciona Jon Juaristi en el prólogo, Sabino Arana parece haber recogido las doctrinas racialistas a su paso por Barcelona. ¿Podemos hablar de una verdadera influencia del nacionalismo catalán sobre el vasco a este respecto?</p>
<p><strong>R.</strong> Así es. El tránsito del fuerismo al nacionalismo se produce mediante la doctrina de la raza cuyos rudimentos los Arana, Sabino y su hermano Luis, aprenden en sus estancia en Barcelona. Irónicamente Sabino Arana nunca admitió que los catalanes constituyeran una verdadera raza. Por otra parte, está acreditada la relación entre Arturo Campión y Pompeu Gener, el introductor catalán de la doctrina de la raza en España. En fin, esta relación debería ser investigada más ampliamente.</p>
<p><strong>P.</strong> Algunos estudiosos actuales del nacionalismo, como Anthony Marx, tienden a relativizar el valor de la distinción tradicional entre nacionalismo étnico y político. Usted mismo se detiene en refutar la interpretación habitual del “plebiscito cotidiano” de Renan. ¿En qué medida cree que sigue vigente dicha distinción?</p>
<p><strong>R.</strong> Existe un acuerdo cada vez más extendido entre los especialistas que la distinción entre nacionalismo étnico y cívico es insostenible. La aportación de Anthony Marx  (<em>Faith in Nation</em>) es a este respecto decisiva, pero también las de A. Smith, E. Gellner o E. Hobsbawn. Esa distinción se sostiene en una insuficiencia teórica: la falta de análisis de la noción de “raza”. Las conexiones de la exclusión religiosa con el nacionalismo que  muestra A. Marx  es una de las vías más eficaces para esclarecer el sentido de lo que debe entenderse por “etnicismo”, un concepto tan poco claro como el de “raza&#8221;. Pero, insisto, para eso hace falta el trabajo sobre los textos del nacionalismo. En ellos se muestra, creo haberlo hecho respecto al catalanismo, qué es lo que los propios nacionalistas quieren decir cuando dicen “raza”.</p>
<p><strong>P.</strong> En este mismo sentido, una de las paradojas fundamentales del nacionalismo es que es un fenómeno característico de la modernidad por más que mire al pasado. ¿Es posible la construcción de un estado en el sentido moderno sin nacionalismo, o con un nacionalismo puramente civil, republicano?</p>
<p><strong>R.</strong> Estoy de acuerdo con Gellner en que el nacionalismo, una doctrina política, es un fenómeno característico de la modernidad. Añadiría: una ideología que está en la formación de las naciones que se forman en un momento histórico determinado, fundamentalmente el XIX, una nueva forma de legitimación del poder. Que incluye un relato mítico de los orígenes. Siempre el mismo: su apelación a la historia es para desalojarla; la nación hubiera sido de no haber  sido lo que realmente fue.  El nacionalismo es siempre contrafáctico. Siempre un accidente traumático interrumpe la línea de una supuesta continuidad histórica que debiera fluir  ininterrumpidamente y que es necesario restaurar. Es fácil detectar este relato en todo nacionalismo. La nación de los nacionalismos es esa voz (cf. aquí ese magnífico texto de  Conor Cruise O&#8217;Brien: <em>Voces ancestrales. Religión y nacionalismo en Irlanda</em>), ese mandato, el “nacional” quien lo oye. En eso consiste la raza. El nacionalismo en este sentido es un “poseso”.  Y de ahí su ferocidad. Lo demás son elaboraciones secundarias.</p>
<p><strong>P.</strong> Su libro insiste en la necesidad de entender que la raza en sentido político es una metáfora antes que una realidad biológica o antropológica. No obstante, algunos teóricos nacionalistas, como Pompeu Gener, parecen haber estado sinceramente interesados en el debate científico; mientras que algún otro, como Bosch Gimpera, era un reputado especialista en su disciplina. ¿Hasta qué punto eran conscientes de la tensión entre rigor y militancia, si es que se plantearon la cuestión?</p>
<p><strong>R.</strong> La ciencia no protege contra el prejuicio. En especial por lo que respecta a las Geisteswissenchaften. Al menos está demostrado (Stephen Jay Gould: <em>La falsa medida del hombre</em>) que por lo que se refiere a la antropología la ciencia alimentó y legitimó los prejuicios raciales. Es cierto que el fundamento científico-antropológico  del racialismo ha dejado de existir, pero la utilización de la ciencia para fundamentar las nuevas formas de racialismo sigue existiendo: basta pensar en la utilización de la sociolingüística en el caso catalán. El caso de Bosch Gimpera es ejemplar: para él no existe contradicción alguna entre la ciencia y el prejuicio racialista: la prehistoria de la Península ibérica confirma la existencia de un núcleo racial original e inmodificado que hace la nación catalana. Pero no sólo es Bosch Gimpera, también Vandellós, por ejemplo, un científico social de talla de la misma época, cree en la existencia de la raza catalana. O el caso actual de la Sra. Cabré, una demógrafa de la mejor escuela que lo cree, a su manera.  En todos los casos, sea una disciplina científica u otra, el nacionalismo dispone de una legitimación científica. La ciencia la hacen los científicos, esto es, sujetos humanos.</p>
<p><strong>P.</strong> ¿En qué momento se empieza a desplazar el énfasis catalanista en la raza hacia la lengua y la cultura? ¿Son conscientes los nacionalistas del desplazamiento?</p>
<p><strong>R.</strong> La lengua para los nacionalistas catalanes es, como sostiene Rovira i Virgili, la voz de la sangre. De la misma manera que el color del cabello o el RH es una expresión, plasmación, de una “diferencia espiritual irreductible”. Así definía Adolf Hitler la raza y no creo que nadie se oponga a considerar a Hitler como un racista. La lengua de los nacionalistas no es la lengua de los lingüistas. La identidad entre raza y lengua es vieja. Es la lengua, antes que el índice craneal o el color de la piel, el fundamento de la doctrina  racial: la expresión “raza aria” es una expresión aberrante, como decía Max Müller, tan aberrante como decir “gramática dolicocéfala”. Los catalanistas de antes de la guerra, antes del descrédito del racialismo biológico, consideran que decir lengua es decir raza. Como dice Prat de la Riba en 1906, citando a Humboldt “deben ser parientes, pues entiendo lo que dicen”. Un prejuicio que incluso se conserva en la antropología actual (véase, por ejemplo, la identidad entre lengua y etnia que sostiene, pese a los avances del la genética poblacional, Cavalli-Sforza). Cuando se hace imposible esta identidad, se habla de lengua sin más. A quien conoce la historia de la identidad le es fácil advertir que la lengua de los nacionalistas no es, como decía, la lengua de los lingüistas: es un organismo vivo, que tiene derechos, que impone deberes, a la que el “nacional” y cualquiera que viva en un territorio, Cataluña,  está obligado. Es un mandato, un imperativo particular, como la raza.</p>
<p><strong>P.</strong> ¿Cuál fue, en términos generales, y hasta la Guerra Civil, la relación entre nacionalismo catalán y catolicismo?</p>
<p><strong>R.</strong> Abordo ese tema en el segundo volumen de mi libro, que aparecerá próximamente. La relación es de absoluta complicidad. El nacionalismo de Pujol es incomprensible sin el elemento religioso. De una religión “católica” entendida al revés, es decir, en un sentido contrario a la universalidad (<em>catholós</em>, en griego, significa universal), en un sentido no paulino. La cosa comienza muy pronto. En la segunda década del XX podemos leer ya las proclamas incendiarias de un Carlos Cardó o un Miguel de Esplugas que han derivado de <em>La Tradició catalana</em> del Obispo Torras i Bages un nacional-catolicismo feroz. N<em>ostra Senyora de la Mercè, Estudi de Psicología étnico-religiosa de Catalunya</em>, es el título del libro que el Padre Miquel de Esplugues, O.M.C., escribe en 1916 en el que sostiene que por razones raciales la religiosidad catalana nada tiene que ver con la castellana. Esa es la raíz, nunca mejor dicho, del Montserrat del Abat Escarré, el tutor de Jordi Pujol en sus años mozos. En fin, un capítulo de gran interés sobre el que pesa un sepulcral silencio.</p>
<p><strong>P.</strong> ¿Por qué ha gozado de tanto éxito la interpretación del nacionalismo catalán en clave progresista? ¿Se trata de la oposición a un nacionalismo español que se percibe exclusivamente como derechista, o hay alguna razón más?</p>
<p><strong>R.</strong> Las causas son, en efecto, múltiples. En la noche del antifranquismo todos los gatos eran pardos. Pero hay causas más concretas. La percepción del catalanismo ha sido diseñada consciente y deliberadamente. Por la izquierda comunista catalana. La cosa viene de lejos y esta es una cuestión de decisiva importancia en la comprensión del catalanismo. Téngase en cuenta que el comunismo, nacionalista hasta la médula ya en los años treinta, ocupará el lugar del anarquismo en la dirección de la clase obrera tras la liquidación de éste con la guerra civil. Pero más recientemente, en mayo de 1974 se celebra el llamado “Col.loqui d’historiadors”, en donde los Termes,  Ballcels, Molas y cía. establecen los fundamentos del relato oficial de la historia del catalanismo como una ideología originalmente de izquierdas. Lo que Termes llama “nuevas interpretaciones del hecho nacional”. En síntesis la consigna es ésta: el nacionalismo catalán tiene unos orígenes “populares”, siendo utilizado por la burguesía que, aunque parezca una broma, si es nacionalista es nacionalista españolista. La línea de inspiración está ya en Maurín en los años treinta. Éste es el relato oficial que siguen todos y cada uno de los historiadores catalanes del catalanismo. Un relato no contradicho tampoco por ninguno de los historiadores del resto de España que por desidia o por interés no ha denunciado la falsedad de ese relato, ocupados como han estado por alimentar y conservar los mitos de la izquierda sobre la guerra civil y la Segunda República. En resumen, los polvos de una izquierda <em>knave</em> y una derecha <em>fool</em> tratando de sacudirse el estigma de franquistas han traído estos lodos.</p>
<p><strong>P.</strong> ¿Qué recepción ha tenido el libro en Cataluña?</p>
<p><strong>R.</strong> Como era de esperar, hasta el momento nada más que silencio. Salvo los amigos, ningún “intelectual” osa hacerse eco del libro siquiera para denostarlo. Eso da idea de la situación, de lo que está pasando en Cataluña tras treinta años de hegemonía nacionalista. Aquí nunca pasa nada. Pero mi libro estoy convencido de que es un libro de largo aliento&#8230; La voz de la razón es débil pero constante. Cualquiera que pretenda estudiar el nacionalismo catalán críticamente en el futuro tendrá que leer mi libro. No podrá ignorarlo. Llegará la hora en que&#8230;</p>
<p><strong>P.</strong> La segunda parte de <em>La raza catalana</em> abarcará las doctrinas catalanistas hasta nuestros días. ¿Presentará alguna diferencia de enfoque o tratamiento respecto a la primera? ¿Cuándo está prevista su aparición?</p>
<p><strong>R.</strong> Por razones editoriales el libro ha sido divido en dos volúmenes, de los que el segundo aparecerá, según los planes de la editorial, este octubre. Esta segunda parte completa y da sentido a la primera. Y en ella se muestra el alcance del “método” y la intención del libro en su conjunto. El primer relato del nacionalismo es sustituido por otro, igualmente racialista, que Jordi Pujol elabora y que hace frente a la paradoja del primer catalanismo: “la penuria demográfica de  la raza catalana”. Un relato que contiene una fantasía muy exacta y eficaz para sostener la superioridad racial catalana: la invasión de los invasores, es decir, de los cuerpos de esos a los que se llama “inmigrantes”. Es la doctrina de la “integración” que debe entenderse en el sentido de una abducción y de una conversión. Un relato que combina los elementos de un guión de película de invasores extraterrestres de los años cincuenta y la peor tradición española, la de la pureza de sangre y la Inquisición. Eso es lo que muestran los textos&#8230; pero hay que leerlos. Una vez recuperados los antecedentes es fácil advertir la sustancia étnica del llamado nacionalismo cívico y el juego de sustituciones que opera.</p>
<hr /><small>Gracias a Francesc Badrines</small></p>
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		<title>Por qué dejé la derecha</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Dec 2009 19:08:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Siracusa 2.0</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Agregador]]></category>

		<category><![CDATA[Hojas de Siracusa]]></category>

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		<description><![CDATA[En los últimos días, dos conocidos bloggers asociados al conservadurismo, Andrew Sullivan y Charles Johnson, han manifestado públicamente sus diferencias con el movimiento conservador y la derecha estadounidense. Publicamos una traducción de sus artículos por el interés intrínseco de los mismos y por la relevancia que tienen también sus argumentos y denuncias en el caso del debate político español.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por qué dejé la derecha</strong></p>
<p>1. Por el apoyo a fascistas tanto en EEUU (v.g.: Pat Buchanan, Robert Stacy McCain, etc.) como en Europa (v.g.: Vlaams Belang, BNP, SIOE, Pat Buchanan, etc.).</p>
<p>2. Por el apoyo a la intolerancia, el odio y el supremacismo blanco (v.g.: Pat Buchanan, Ann Coulter, Robert Stacy McCain, Lew Rockwell, etc.).</p>
<p>3. Por apoyar que se mande a las mujeres de vuelta a la Edad Media, y el fanatismo religioso en general (v.g.: <em>Operation Rescue</em>, grupos anti-aborto, James Dobson, Pat Robertson, Tony Perkins, toda la derecha religiosa, etc.).</p>
<p>4. Por el apoyo a la locura anti-científica (v.g.: creacionismo, negacionismo climático, Sarah Palin, Michele Bachmann, James Inhofe, etc.).</p>
<p>5. Por el apoyo a la intolerancia homófoba (v.g.: Sarah Palin, Dobson, toda la derecha religiosa, etc.).</p>
<p>6. Por el apoyo a la locura anti-estado (v.g.: <em>tea parties</em>, milicias, Fox News, Glenn Beck, etc.).</p>
<p>7. Por el apoyo a teorías conspirativas y el discurso del odio (v.g.: Alex Jones, Rush Limbaugh, Glenn Beck, Birthers, creacionistas, negadores climáticos, etc.).</p>
<p>8. Una blogosfera de derechas casi universalmente dominada por un discurso furioso del odio (v.g.: Hot Air, Free Republic, Ace of Spades, etc.).</p>
<p>9. Intolerancia anti-islámica que va más allá de la simple crítica del islam radical, y llega al apoyo del fascismo, la violencia y el genocidio (v.g.: Pamela Geller, Robert Spencer, etc.).</p>
<p>10. Odio al presidente Obama que va más allá de la simple crítica de sus políticas y llega al racismo, el discurso del odio y a formular teorías conspirativas estrafalarias (v.g.: imágenes de Obama como hombre-medicina, <em>tea parties</em>, The Birthers, Michelle Malkin, Fox News, World Net Daily, Newsmax y todas y cada una de las las fuente de derechas).</p>
<p>Y mucho, mucho más. La derecha americana ha descarrilado, se ha echado al monte y está al borde del precipicio.</p>
<p>Yo no pienso saltar con ella.</p>
<p style="text-align: right;">Charles Johnson, <a title="Little Green Footballs" href="http://littlegreenfootballs.com/article/35243_Why_I_Parted_Ways_With_The_Right" target="_blank"><em>Little Green Fotballs</em></a> 30/11/09</p>
<p><strong>Dejar la derecha</strong></p>
<p>Es una formulación chocante, en cierto sentido, pues la &#8220;derecha&#8221; no es verdaderamente una sola entidad. Pero, en cuanto significa el modo dominante de discurso entre las instituciones, blogs, revistas y periódicos que apoyan al &#8220;GOP&#8221;, Charles Johnson tiene toda la razón, a mi juicio, en bajarse del carro por las razones que ha expuesto. Lean su testamento. Está lleno de emoción, pero también de honradez.</p>
<p>La relación de un escritor con un partido o movimiento está, por supuesto, abierta a debate. Entiendo el argumento de Jonah Goldberg de que la política no se refiere al puro individualismo intelectual; requiere entender el poder, su organización y las opciones reales que la política real exige. Se pueden sostener ciertos principios como inviolables y aún así estar dispuesto a apoyar políticos o gobiernos que los violan porque son mejores que las alternativas reales de que se dispone. Tambien entiendo la necesidad emocional, <em>ceteris paribus</em>, de tener una posición partidista &#8220;por defecto&#8221;.</p>
<p>Pero ha de llegar un momento en que un movimiento o partido abanone hasta tal punto sus principios nucleares o degenere en tal sumidero retórico que uno se vea obligado a adoptar una posición. Me parece que este es un momento crítico para que más gente cuyos principios reposan de manera amplia en el centro-derecha lo haga -frente a la degeneración conservadora que tenemos delante. Los que han tomado dicha posición -en un grado u otro- reclaman respeto. Y este blog, aunque mantiene su resistencia a las camarillas, ha enlazado con gusto a escritores tan variados como Bruce Bartlett, David Frum, David Brooks, Steve Chapman, Kathleen Parker, Conor Friedersdorf, Jim Manzi, Jeffrey Hart o Daniel Larison, que han roto filas en un sentido u otro.</p>
<p>No puedo presumir del mismo coraje que esta gente porque siempre he sido voluble en términos partidistas. El haber apoyado a Reagan, a Clinton, a Dole, a Bush, a Kerry y a Obama sugiere que nunca tuve un partido que dejar. Creo que puede ser por no haber nacido aquí. No siento lealtad profunda hacia ninguno de los dos partidos americanos, ni en mi corazón, ni por mi familia, ni por mi formación y experiencia; y admiro a presidentes de ambos partidos. Mi afiliación sigue siendo puramente británica: soy un Tory leal. Pero mi apego a la tradición política conservadora anglo-americana, tal como yo la entiendo, es real y profundo, y resultado de una reflexión sincera sobre el mundo tal como lo veo. Y quiero que dicha tradición sobreviva porque creo que es un complemento vital al progresismo en el mantenimiento del genio y la maravilla del Occidente moderno.</p>
<p>Por estas razones me resultó intolerable apoyar el movimiento que se hace llamar &#8220;conservador&#8221; en Estados Unidos después de 2003. Y todavía me resulta, a pesar de que soy mucho más partidario del estado limitado que casi ningún demócrata, y no puedo llegar a llamarme progresista (porque no lo soy). Mis razones no son muy distintas de las de Charles Johnson, que, como yo, se sintió horrorizado por el 11-S, odia el yihadismo y quiere derrotarlo de manera tan efectiva como sea posible. Y su pequeño manifiesto me anima a escribir el mío propio (la versión íntegra está en <em>The Conservative Soul</em>). Ahí va:</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento que proclama creer en el estado limitado pero promovió una presidencia sin límites en política interior e internacional, que asumió poderes dictatoriales ilegales y extra-constitucionales hasta que el sistema la forzó a regresar al imperio de la ley.</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento que disparó el gasto y el crédito y culpa a su sucesor de la deuda.</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento que abandonó de tal manera el papel mínimo y vital del estado en la regulación de los mercados y la protección frente a los desastres naturales, que nos trajo el Katrina y la debacle financiera de 2008.</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento que mantiene la tortura como valor central.</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento que mantiene que doctrinas puramente religiosas deberían regir decisiones políticas civiles y que emplea la santidad de la fe religiosa para perseguir el poder terrenal.</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento que es profundamente homófobo, que se vale del miedo a los homosexuales para ganar votos, y que desprende tal olor a racismo que su cuota de voto entre las minorías es lamentable.</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento que no tiene verdadero respeto por las instituciones del estado y está presto a usar cualquier táctica y cualquier medio para luchar en la contienda política antes que mantener un debate.</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento para el que la guerra permanente es compatible con las reglas democráticas liberales y el estado limitado.</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento que criminaliza el comportamiento privado en la guerra contra las drogas.</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento que respalda un candidato a vicepresidente manifiestamente incompetente e hipócrita por política de la identidad y cinismo electoral.</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento que considera a los gays una amenaza para sus propias familias.</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento que no acepta la evolución como un hecho.</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento que ve un fraude en el cambio climático y ofrece la exploración de las reservas domésticas de petróleo como piedra angular de la política energética.</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento que se niega siempre a subir los impuestos sin proponer ninguna reducción significativa del gasto público.</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento que rechaza distanciarse de un demagogo como Rush Limbaugh o un chalado como Glenn Beck.</p>
<p>No puedo apoyar un movimiento que cree que los Estados Unidos deberían ser la única superpotencia, deberían mantener una maquinaria bélica para patrullar todo el planeta, y que entiende la violencia como la herramienta fundamental de las relaciones internacionales.</p>
<p>¿Me convierte esto en un &#8220;izquierdista radical&#8221;, como diría Michelle Malkin? Rotundamente no. Pero está claro que me descalifica como miembro de la actual derecha americana.</p>
<p>Parafraseando a Reagan, yo no dejé el movimiento conservador. Él me dejó a mí.</p>
<p>Y cada vez estoy menos solo.</p>
<p style="text-align: right;">Andrew Sullivan, <a title="The Daily Dish" href="http://andrewsullivan.theatlantic.com/the_daily_dish/2009/12/leaving-the-right.html" target="_blank"><em>The Daily Dish</em></a> 01/12/09</p>
<p>Traducción: Jorge San Miguel</p>
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		<title>Los medios y el lavado de imagen del Islam</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Jun 2009 23:05:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Siracusa 2.0</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[Hojas de Siracusa]]></category>

		<category><![CDATA[Bruce Bawer]]></category>

		<category><![CDATA[Islam]]></category>

		<category><![CDATA[Islamofascismo]]></category>

		<category><![CDATA[laicismo]]></category>

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		<description><![CDATA[En los días desde el cacareado &#8220;discurso al mundo musulmán&#8221; del presidente Obama, varios comentaristas han señalado que Obama, que se describe a sí mismo como un &#8220;estudiante de historia&#8221;, se las arregló para servirnos un pastiche de medias verdades, exageraciones y completas tonterías sobre historia islámica, y que incluso en sus momentos de mayor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En los días desde el cacareado &#8220;discurso al mundo musulmán&#8221; del presidente Obama, varios comentaristas han señalado que Obama, que se describe a sí mismo como un &#8220;estudiante de historia&#8221;, se las arregló para servirnos un pastiche de medias verdades, exageraciones y completas tonterías sobre historia islámica, y que incluso en sus momentos de mayor coraje -como cuando criticó el trato a las mujeres en las sociedades musulmanas-, apenas fue lo firme que requerían las circunstancias.</p>
<p>No es una coincidencia que los comentaristas que han señalado estos puntos lo hayan hecho, casi sin ninguna excepción, no en los grandes órganos de los medios de comunicación, sino en lugares como Pajamas Media. Para la halagadora visión del Islam servida por Obama en El Cairo -la celebración de imaginarios logros islámicos en <a href="http://pajamasmedia.com/blog/obama-flunks-history-at-cairo-u/">la ciencia y la cultura</a>, la evocación de una edad de oro andalusí en donde los cristianos y los judíos eran tratados con respeto e igualdad, y las referencias al Corán que hicieron que pareciera el Sermón de la Montaña- son del mismo estilo que las ficciones sobre el islam que se encuentran corrientemente en la prensa mayoritaria. Esto es ciertamente así para el New York Times, y es igualmente el caso del Washington Post, un hecho que será obvio para cualquier lector de mi nuevo libro, <a href="http://www.amazon.com/Surrender-Appeasing-Islam-Sacrificing-Freedom/dp/038552398X/ref=sr_1_1?ie=UTF8&amp;s=books&amp;qid=1244483092&amp;sr=8-1"><em>Surrender: Appeasing Islam, Sacrificing Freedom</em></a>, cuyo índice incluye la siguiente entrada:</p>
<blockquote><p>Washington Post, 66, 102, 103, 149-51, 156, 163-64, 238, 262, 263-64, 276</p></blockquote>
<p>Bien, con la única excepción de la última referencia del Post (en la página 276, un comentario aprobatorio sobre la columnista Anne Applebaum), todas mis menciones en Surrender sobre el Post apuntan a la previsibilidad con que el periódico se aferra a lo que podríamos llamar la visión idílica del islam, como si el islam fuera, digamos, poco más que Episcopalianismo con alfombras de oración y burkas.</p>
<p>En la página 102, por ejemplo, me refiero al discurso de 2008 en el que el editor jefe del Post, Philip Bennett, &#8220;lamentaba que los medios, incluyendo su propio periódico, hayan fracasado a la hora de ofrecer al público americano un entendimiento claro del islam.&#8221; Tenía razón, pero su argumento no consistía en que el Post eludiese constantemente la severidad de la doctrina islámica y blanqueara los puntos de vista islámicos sobre la libertad de expresión y la religión, los derechos de las mujeres, y demás. No, su argumento consistía en que él y su periódico retratan al islam de manera demasiado negativa. ¿Cuál era la respuesta a este dilema, desde su punto de vista? Emplear a más reporteros y editores musulmanes.</p>
<p>Luego tenemos la página 150, donde cito un blog de la página del Post/Newsweek por el destacado apologista del Islam John Esposito. Esposito es el director y fundador de algo llamado Centro Príncipe Alwaleed bin Talal para el Entendimiento Musulmán-Cristiano en la universidad de Georgetown, lo que significa que la familia real saudí le paga el sueldo. Lo que, a su vez, significa que el Washington Post y el Newsweek encargan a un hombre a sueldo del régimen islámico más opresivo del mundo la tarea de ofrecer datos objetivos sobre el islam. Este perverso estado de cosas es, por desgracia, moneda corriente en los medios mayoritarios de hoy en día.</p>
<p>Pasemos a la página 156 de mi libro, donde leerán acerca de un blando cuestionario del Post sobre Tariq Ramadan, un niño mimado de los medios, que no mencionaba, entre otras cosas, su rechazo a condenar la pena de lapidación para adúlteras, ni ponía a prueba el descarado esfuerzo de este islamista acérrimo por aparecer como un moderado. En la página 164, anoto que el Post y el New York Times, publicaron exactamente el mismo día (20 de junio de 2007) un artículo de opinión del portavoz de Hamas, Ahmad Yousef. En la página 238 señalo que, mientras que la página de opinión del Post publicaba no sólo la propaganda de Yousef, sino de otros pesos pesados de Hamas y Hezbollah, rechazó un artículo de opinión encargado a Sam Harris sobre el cortometraje de Geert Wilders Fitna por ser &#8220;demasiado crítico con el Islam.&#8221; En resumidas cuentas, como escribo en mi libro: &#8220;Harris era demasiado extremista para el Post, pero Hamas no.&#8221;</p>
<p>Finalmente, en la página 263, menciono un artículo de Feisal Abdul Rauf publicado en 2008 en la página web del Post/Newsweek en el que se argumentaba nada menos que a favor de la &#8220;integración de la Sharia&#8221; en el derecho occidental, un cambio que Rauf presenta nada menos que como justo, incluso aunque implicaría (entre otras muchas cosas) convertir la homosexualidad y el adulterio en crímenes capitales.</p>
<p>Como este lamentable historial sugiere, desde el 11 S, el Washington Post se ha posicionado inequívocamente sobre el Islam: en el nombre del progresismo y la tolerancia, ha escogido minimizar o pasar completamente por alto los muchos aspectos extremadamente antiliberales e intolerantes de la fe de Mahoma. Y, a la vez que abraza las mendacidades de John Esposito y los de su cuerda, y legitima la desinformación de los terroristas publicándola en su página de opinión, el periodico rechaza, distorsiona y demoniza de forma habitual a aquellos que osan decir verdades incómodas sobre el islam.</p>
<p>En consecuencia, no sorprende que, cuando el Post publicó una reseña de Surrender el pasado domingo, no fuera más que otro espléndido ejemplo de su política sobre el islam. Surrender contiene casi trescientas páginas de pruebas meticulosamente documentadas de que líderes, medios, escritores y artistas occidentales entre otros (algunos motivados por el miedo, otros por un equivocado &#8220;respeto&#8221; multicultural) están censurando y autocensurándose, embelleciendo los hechos acerca de las creencias islámicas, de sus prácticas y de su historia, poniendo en la picota a quienes no les siguen y, como resultado, erosionando libertades preciosas. Se trata de una verdadera crisis para mundo libre. Pero la reseña del Post trataba los hechos como si fueran las alucinaciones febriles de un chiflado.</p>
<p>Consideremos mis comentarios sobre la Sociedad Islámica de Norteamérica. El experto en terrorismo Steve Emerson ha descrito el ISNA como &#8220;un frente de hermandad musulmana con un largo y documentado historial de apoyo al terrorismo.&#8221; Y aún así, el crítico del Post, Paul A. Barrett, se burla de mis críticas del ISNA calificándola de &#8220;inocua&#8221;, y a su lider como un &#8220;moderado&#8221;. De hecho, ahora parece que casi cualquier musulmán u organización musulmana que afirme rechazar la violencia -sin importar quién sea, sus creencias religiosas, puntos de vista sociales y conexiones clandestinas- pasa por &#8220;inocuo&#8221; y &#8220;moderado&#8221; a los ojos de periódicos como el Post.</p>
<p>Abundando, Barrett escribió que &#8220;Bawer bordea la autoparodia cuando afirma que los musulmanes han intimidado a los escépticos hasta llevarlos a la autocensura y la inacción&#8221;. Es como si los incontables ejemplos que cito en mi libro simplemente no existieran. No debemos tener ninguna duda de que nos encontramos en tierras orwellianas. ¿Qué hacer con semejante negación de la realidad a una escala tan colosal? ¿Cómo puede siquiera el pánico más cerval a la venganza (o a ser calificado de racista o islamófobo) llevar a miembros supuestamente responsables del establishment cultural occidental a decir que dos y dos son cinco?</p>
<p>&#8220;Su propio trabajo&#8221;, se burlaba Barrett, &#8220;muestra que los críticos del islam no tienen problemas para publicar&#8221;. Sí, y el asesinato de Theo van Gogh, y el estilo de vida actual de personas como Ayaan Hirsi Ali, Geert Wilders, Robert Redeker y Fianna Nierenstein -que tienen que ir a todas partes acompañados de escoltas armados- muestran que algunos de los críticos del islam tienen bastantes problemas para seguir vivos. Pero las penalidades que sufren estos valientes campeones de la libertad lisa y llanamente no significan nada para los tipos como Barrett -o, lamento decirlo, los directores del Washington Post.</p>
<p>- Por <strong><a href="http://www.brucebawer.com/">Bruce Bawer</a></strong>. Publicado en <a href="http://pajamasmedia.com/blog/media-takes-whitewashing-of-islam-to-a-whole-new-level/">Pajamas Media</a></p>
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		<title>Aborto y asesinato</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Jun 2009 19:57:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Siracusa 2.0</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[Hojas de Siracusa]]></category>

		<category><![CDATA[Aborto]]></category>

		<category><![CDATA[Bioética]]></category>

		<category><![CDATA[Conservadurismo]]></category>

		<category><![CDATA[Provida]]></category>

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		<description><![CDATA[Las palabras son armas; y la retórica loca de los fanáticos anti-abortistas tiene terribles consecuencias.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El asesinato en una iglesia de George Tiller por obra de un fanático <a href="http://www.guardian.co.uk/lifeandstyle/abortion">anti abortista</a> trae un par de cosas importantes al debate. La primera y más obvia es que una sociedad civilizada no puede contener gente que realmente piense que el aborto es asesinato. Si esto es lo que alguien cree realmente, entonces no verá nada malo en matar a los trabajadores, o a los propietarios, de las clínicas abortivas. Randall Terry, el fanático que mantiene la web anti abortista Operation Rescue <a href="http://www.christiannewswire.com/news/8967610531.html">ha dicho que</a> &#8220;George Tiller era un asesino de masas y que no podemos dejar de decirlo. Era un hombre perverso, sus manos estuvieron cubiertas de sangre.&#8221; Si el aborto es realmente asesinato, entonces Terry tiene razón.</p>
<p>Pero Terry no tiene razón. El aborto no es asesinato, y ni siquiera el Vaticano dice que lo sea. Pero a la derecha religiosa le encanta jugar con la idea de que es un asesinato masivo. En parte, creo que es porque produce la deliciosa sensación de suponer que tus oponentes son tan horríblemente depravados como para asesinar bebes. Políticamente, esto ha sido un punto de unión muy significativo entre el tipo de evangélicos y de católicos que hace cincuenta años ni siquiera se habrían reconocido como cristianos, así como un modo muy útil de de aislar a los progresistas. Ahora contemplamos el precio de esta terrible retórica.</p>
<p>De paso, no veo cómo un cristiano ortodoxo puede matener que el aborto consiste en arrebatar una vida completamente inocente. Si la vida comienza en la concepción, también el pecado. Es por esto que fué preciso afirmar la doctrina de la inmaculada concepción de María, por la cual solamente ella entre todos los humanos podría decirse que fué concebida sin pecado. Por supuesto, en el sentido ordinario de la palabra, un feto es inocente. Ni siquiera ha nacido. Pero en el sentido ordinario de la palabra un feto tampoco es propiamente un ser humano.</p>
<p>Lo cual lleva a una segunda e importante consideración sobre el asesinato de Tiller, y es el hecho de que tuviera lugar dentro de una iglesia. Tiller era un creyente practicante que tomó una <a href="http://www.reformation-lutheran.org/index.html">parte activa dentro de su congregación</a>. En otras palabras, muchos cristianos, problemente una mayoría en Norteamérica, sí que mantiene el sentido ordinario de las palabras en este asunto. Puede que piensen que el aborto a menudo está mal y que siempre es algo para lamentar. Pero no creen que sea asesinato y comprenden las terribles consecuencias de pretender que lo sea.</p>
<p>- Por <strong>Andrew Brown</strong>. Publicado originalmente en <a href="http://www.guardian.co.uk/commentisfree/andrewbrown/2009/jun/01/religion-abortion">The Guardian</a>.</p>
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		<title>¿Está perdiendo fuerza el Movimiento Conservador?</title>
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		<pubDate>Fri, 15 May 2009 21:46:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Siracusa 2.0</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Agregador]]></category>

		<category><![CDATA[Hojas de Siracusa]]></category>

		<category><![CDATA[Conservadurismo]]></category>

		<category><![CDATA[liberalismo]]></category>

		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Richard Posner. El movimiento conservador se encuentra en su momento más bajo desde 1964. Pero con esta diferencia: el movimiento ha tenido éxito en cambiar el centro de la política americana y del pensamiento social, de modo que durante un rato puede permitirse descansar en sus laureles.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Percibo un deterioro intelectual en el un día vivo movimiento conservador de los Estados Unidos. Tal como explicaré, puede que esto represente el testamento de su éxito.</p>
<p>Hasta fines de los años sesenta (cuando yo andaba por los ventitantos), apenas era consciente de la existencia de un movimiento conservador. Entonces era oscuro y marginal, simbolizado por figuras como Barry Goldwater (masacrado por Lyndon Johnson en las elecciones presidenciales de 1964), Ayn Rand, Russell Kirk y William Buckley, figuras que no me atraían. Pensadores conservadores más potentes, como Milton Friedman y Friedrich Hayek, así como otros distinguidos economistas conservadores, como George Stigler, estaban dentro de la escena, pero no eran bien conocidos fuera de la profesión de economista. El desorden doméstico de fines de los sesenta, los excesos de la &#8220;Gran Sociedad&#8221; de Johnson, los avances significativos en la economía de la regulación y el antitrust, la &#8220;estanflación&#8221; de los setenta, y la creencia (que resultó equivocada) de que la Unión Soviética estaba ganando la guerra fría, todos estos desarrollos estimularon el crecimiento de un movimiento conservador variado y vibrante, que finalmente alcanzó el éxito elecoral con la elección de Ronald Reagan en 1981. El movimiento incluía la economía del libre mercado asociada con la &#8220;Escuela de Chicago&#8221; (y en consecuencia con la desregulación, la privatación, el monetarismo, los bajos impuestos y el rechazo de la macroeconomía keynesiana), el &#8220;neoconservadurismo&#8221; en el sentido de un ejército fuerte y el rechazo del internacionalismo liberal, el conservadurismo cultural, incluyendo el respeto por los valores tradicionales, la resistencia al feminismo, la acción decidida, y una línea dura con el crimen.</p>
<p>El apogeo del movimiento conservador estuvo marcado por el fín de la guerra fría, el colapso de la Unión Soviética, el surgimiento de una prosperidad planetaria que marcó el triunfo global del capitalismo, las políticas esencialmente conservadores, especialmente en economía, de la adeministración Clinton, y finalmente la elección y los primeros años de la administración Bush. Pero existían signos no sólo de que había llegado a la cumbre, sino también del comienzo de su declive. A medida que el conservadurismo crecía en estridencia y populismo los lideres intelectuales conservadores envejecían y morían (Friedman, Hayek, Jeanne Kirkpatrick, Buckley, etc.)  otros se volvían más callados o menos activos con la edad (como Robert Bork, Irving Kirstol y Gertrude Himmelfarb), y sus sucesores carecían de la misma repercusión pública.</p>
<p>Hacia el fin de la administración Clinton, yo estaba satisfecho de celebrar el triunfo del conservadurismo tal y como lo comprendía, y no tenía ningún deseo de aumentar los cambios en la estructura económica y social de los Estados Unidos. No veía ninguna necesidad de abolir el impuesto estatal, de reducir el impuesto sobre la renta, de debilitar el gobierno, de favorecer el &#8220;originalismo&#8221; en la ley constitucional en perjuicio del pragmatismo, de aumentar el derecho de los propietarios de armas, de reforzar nuestra posición militar, de resistir al auge de los derechos de los homosexuales, o de expandir el papel de la religión en la esfera pública. Pero el nuevo conservadurismo que alcanzó su punto álgido con la reelección de Bush terminó abrazando todas estas causas.</p>
<p>Quiero insistir en el declive intelectual del conservadurismo, y es notable constatar que las políticas de este nuevo conservadurismo fueran reforzadas en buena medida por la religión y por la emoción, y que en su mayor parte poseyeran débiles fundamentos intelectuales. No es sorprendente que unas políticas tan débiles en su concepción hayan fracasado claramente en su ejecución. Los peores golpes contra el cosnervadurismo que han culminado en la elección y en los programas de Obama son: el fracaso de la fuerza militar para alcanzar los objetivos de la política exterior estadounidense, la inanidad de tratar de sustituir el intelecto por la voluntad, como en el caso de la negación del cambio climático, la utilización de criterios religiosos para seleccionar a los funcionarios públicos, el rechazo de la administración experta en el gobierno, la continua preocupación con el aborto, la incontinencia fiscal en forma de déficits presupuestarios masivos, el plan médico sobre las drogas, un exceso de deuda externa y la inflación.</p>
<p>A fines de 2008, Sarah Palin y Joe el fontanero se han convertido en los rostros del partido conservador. Los intelectuales conservadores no tienen partido.</p>
<p>Y entonces llegó el crash financiero del pasado septiembre y la consiguiente depresión. Estos eventos traumáticos e imprevistos han expuesto una significativa debilidad analítica en las creencias fundamentales de los economistas conservadores con respecto al ciclo de negocios y la macroeconomía en general. El monetarismo friedmanita y la teoría de las finanzas basadas en la teoría del mercado eficiente ha recibido varios golpes duros, mientras regresa un respeto renovado por el pensamiento macroeconómico de John Maynard Keynes, la bestia negra de los conservadores.</p>
<p>Existen signos de exceso progresista en las politicas y los planes de la nueva administración. Sin duda serán el blanco de la crítica conservadora mejor informada. En el momento en que escribo esto, sin embargo, el movimiento conservador se encuentra en su momento más bajo desde 1964. Pero con esta diferencia fundamental: el movimiento ha tenido éxito en cambiar el centro de la política americana y del pensamiento social, de modo que durante un rato puede permitirse descansar en sus laureles.</p>
<p>- Por <strong>Richard Posner</strong>. Publicado originalmente en <a href="http://www.becker-posner-blog.com/archives/2009/05/is_the_conserva.html">The Becker-Posner blog</a>.</p>
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		<title>¿Qué es una sociedad primitiva?</title>
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		<pubDate>Mon, 04 May 2009 12:22:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Siracusa 2.0</dc:creator>
		
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		<category><![CDATA[Antropología]]></category>

		<category><![CDATA[Antropología cognitiva]]></category>

		<category><![CDATA[Neoinstitucionalismo]]></category>

		<category><![CDATA[Psicología evolucionista]]></category>

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		<description><![CDATA[Solo recientemente he descubierto esta cuestión tan provocativa que Richard Posner se planteó en un atículo de 1980. Creo que debería incluirse en la lista de lecturas de cualquier curso decente de antropología cognitiva, pues toca temas ciertamente relevantes para entender los cimientos cognitivos de las instituciones. El término &#8220;primitivo&#8221; acaso podría disuadir a algunos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Solo recientemente he descubierto esta cuestión tan provocativa que Richard Posner se planteó en un <a href="http://www.journals.uchicago.edu/action/jstor?doi=10.1086%2F466951">atículo</a> de 1980. Creo que debería incluirse en la lista de lecturas de cualquier curso decente de antropología cognitiva, pues toca temas ciertamente relevantes para entender los cimientos cognitivos de las instituciones. El término &#8220;primitivo&#8221; acaso podría disuadir a algunos de que sigan leyendo, pero esto sería una lástima, puesto que nada en el análisis de Posner insinúa que los habitantes de semejantes grupos humanos sean menos sofisticados que aquellos de las sociedades de estados agrarios o de otras variedades industriales. &#8220;Primitivo&#8221; aquí significa simplemente que algunos elementos cruciales de la organización social a gran escala, económicos, jurídicos o institucionales,  no están presentes en muchas sociedades de pequeña escala. Comprender la vida social bajo tales condiciones resulta esencial para una antropología de las instituciones.</p>
<p><strong>Organización social y coste de información</strong></p>
<p>Los grupos humanos de pequeña escala comparten algunos rasgos estruturales que reconocerá cualquiera que haya estudiado alguna vez un curso de antropología, puesto que estas comunidades constituyen el pilar de la literatura antropológica clásica. Posner los enumera así:</p>
<p>&#8220;Gobierno débil, atribución de derechos y deberes sobre la base de la pertenencia familiar, el regalo cómo modo fundamental de intercambio, una estricta responsabilidad en lo referente a daños, énfasis en la generosidad y el honor como normás éticas elevadas&#8221;.</p>
<p>¿Cuál es el origen de este conjunto de rasgos particulares y tan frecuentes? Posner señala que las economías en las sociedades de pequeña escala  generalmente sólo producen  un conjunto limitado de bienes, muchos de los cuales se encuentran en peligro, y que por regla general el comercio con los demás grupos es difícil o peligroso, en parte porque no existe un gobierno eficiente. En comparación con los grupos que poseen insitituciones estatales y mercados regulados, se necesita más tiempo y energía para obtener información equivalente a cerca del mundo natural y los participantes sociales, así como para asegurarse de que se mantengan las promesas, de que los contratos se cumplan, etcétera. Esto explicaría por qué cuando las entidades corporativas principales son los grupos familiares o de parentesco extendido el comercio con otros grupos a menudo es mínimo o inexistente. En el caso de que la agricultura sea la forma básica de producción, la población es inmóvil, puesto que el coste de los desplazamientos resulta demasiado elevado. Teniendo en cuenta estos factores, la seguridad es altamente deseable, y la mejor forma de seguridad es la reciprocidad basada en las relaciones de parantesco. Esto explicaría por que las personas extienden el idioma de las relaciones de parentesco a grupos más grandes, en cuanto modo de asegurarse contra la variabilidad en la productividad de diferentes unidades (por lo general, domésticas) a lo largo de tiempo. Los costes de información elevados podrían explicar otros rasgos recurrentes en las sociedades de pequeña escala, tales como la centralidad del regalo como modo de intercambio. Los regalos son valorados como prima de seguros, así como información sobre los donantes, sus recursos y sus afiliaciones políticas.</p>
<p><strong>Orígenes de las instituciones</strong></p>
<p>Lo que resulta tan novedoso en el modelo de Posner, más allá de su interés empírico, es el intento de abordar temas fundamentales de la organización social y económica que hasta ahora habían sido lamentablemente descuidados por la antropología. Aborda también una cuestión de la evolución social a menudo considerada tabú: cómo emergieron las formas de organización social y económica a partir de otras más simples, una cuestión para la que, por extraño que parezca, hoy en día sólo se encuentran preparados los arqueólogos. ¿Pero es válido el modelo? Coincide con la economía <a href="http://www.cscs.umich.edu/~crshalizi/notebooks/institutions.html">neo-institucionalista</a> al suponer que los costes de transacción son uno de los factores fundamentales a la hora de explicar la estructura social, y en que las instituciones, en el sentido de &#8220;reglas del juego&#8221; formales e informales, modulan los costes de transacción (incluyendo la información). Las predicciones que se derivan del modelo son bastante claras. Con costes inferiores de información (por ejemplo, en situaciones en las que las personas, por alguna razón accidental, están más limitadas para ocultar su poder adquisitivo, sus necesidades, sus compromisos, etcétera) deberíamos observar más comercio extensivo mayor, menor dependencia del parentesco como un idioma central de las relaciones sociales, más innovación, etcétera. Existe un importante programa de investigación que compara las instituciones de varias clases de sociedades &#8220;primitivas&#8221; en términos de cómo descienden los costes de transacción o cómo se abarata la información.</p>
<p><strong>¿Fueron primitivas las comunidades &#8220;primitivas&#8221;?</strong></p>
<p>Otra cuestión es si los grupos &#8220;ancestrales&#8221; en los que evolucionó la dotación cognitiva moderna de los seres humanos eran en algún sentido similares a lo que Posner describe como &#8220;Primitivo&#8221;. Muchas monografías antropológicas clásicas tratan de estas sociedades de pequeña escala donde existía el hábito del regalo, los grupos basados en el parentesco extendido, el comercio reducido, etcétera. ¿Era este el caso de nuestras condiciones ancestrales, en es0 que los psicólogos evolucionistas llaman nuestro entorno de adaptación evolutiva? Algunos rasgos de las sociedades clásicas de pequeños grupos estaban claramente ausentes, dado que la producción era muy diferente. La recolección no puede sostener a grandes grupos y también hace que el coste de dejar el grupo sea muy pequeño. Los costes de transacción del tipo que describe Posner son en buena medida irrelevantes para las personas que comercian mediante un intercambio ocasional, explícito y directo con otros individuos.</p>
<p>Nosotros los evolucionistas frecuentemente hacemos extrapolaciones a partir de los recolectores actuales (por supuesto, con todo tipo de precauciones) y describimos el carácter abierto de las comunidades ancestrales, con un gran potencial para el cambio, una gran movilidad y en consecuencia con unas fronteras porosas. En caso de disputas, salir de tales grupos no es posible para los hombres, pero sí para las mujeres en la medida en que se desplazan habitualmente para unirse a la banda de sus parejas.</p>
<p>Pero podemos pintar un cuadro diferente de las primeras comunidades. Por ejemplo, <a href="http://www.cscs.umich.edu/~crshalizi/notebooks/institutions.html">Boyd y Richerson</a> describen los grupos ancestrales como &#8220;comunidades de normas&#8221;, esto es, grupos de personas relativamente herméticos con normas comunes. La circulación de los bienes y de las personas entre tales comunidades sería peligrosa y difícil, teniendo en cuenta (a) la dificultad de entender las señales de las otras personas (por ejemplo, qué cuenta como compromiso),  (b) la ausencia de actitudes punitivas hacia la transgresión dirigida contra los forasteros, y (c) la ausencia de instituciones que abarquen a varios de estos grupos. Sin embargo, la migración ocasional a otros grupos podría afectar a la evolución cultural, al hacer que unos grupos sean más exitosos que otros, en la medida en que las personas &#8220;<a href="http://www.sciencedirect.com/science?_ob=ArticleURL&amp;_udi=B6WMD-4V4KR39-5&amp;_user=741313&amp;_rdoc=1&amp;_fmt=&amp;_orig=search&amp;_sort=d&amp;view=c&amp;_acct=C000041138&amp;_version=1&amp;_urlVersion=0&amp;_userid=741313&amp;md5=c9bcb64803e228e49ea371ba746676e2">votan con sus pies</a>&#8220;.</p>
<p>Estos son cuadros muy diferentes. Algunos lugares, por ejemplo la vida tribal moderna observada a distancia en Papua Nueva Guinea, ilustran una forma extrema del modelo de &#8220;comunidad de normas&#8221;. Las personas viven en grupos aislados y autárquicos, sabiendo muy bien que existen otros grupos alrededor pero con los que no tienen intercambios significativos. Cuando <a href="http://books.google.com/books?id=kLKTa_OeoNIC">Jared Diamond</a> preguntó a uno de sus amigos por qué él (o cualquier otro del grupo) nunca visitaba los pueblos del otro lado del valle, respondió que si fuera allí probablemente le matarían. La razón por la que estaba tan seguro era que si algún colega venía del otro lado, ¡seguro que intentaría matarlo de inmediato! Pero no sabemos si esto es típico de las priemeras comunidades o bien típico de las comunidades agrariaras densamente pobladas.</p>
<p>En definitiva, ¿Cuál es el modelo adecuado para nuestras comunidades ancestrales? Esta no es sólo una cuestión académica, en la medida en que nuestras predicciones relativas a la evolución de la cognición social serían bastante diferentes dependiendo de las condiciones sociales iniciales. Si tuvimos comunidades relativamente cerradas con normas distintas, uno puede esperar encontrarse con disposiciones evolutivas tales como prejuicios favorables al conformismo y un alto grado de etnocentrismo. Si por otra parte tuvimos comunidades fluidas, entonces estos fenomenos serían consecuencias ocasionales de una psicología de coaliciones mucho más fundamental, tal y como han argumentado algunos psicólogos evolucionistas. Lo que nos falta en estas discusiones es una comprensión más firme de los primeros asentamientos, la <a href="http://www.pnas.org/content/103/25/9381.full?maxtoshow=&amp;HITS=&amp;hits=&amp;RESULTFORMAT=&amp;author1=Mellars%252C+Paul&amp;title=Why+did+modern+human+populations+disperse+from+Africa+Ca.+60%252C000+years+ago%253F+A+new+model&amp;andorexacttitle=phrase&amp;searchid=1&amp;FIRSTINDEX=0&amp;volume=103&amp;firstpage=9381&amp;resourcetype=HWCIT">primera demografía</a> y sus consecuencias en la <a href="http://www.pnas.org/content/104/52/20753.full">evolución humana posterior</a>.</p>
<p><span style="color: #888888;">- Por <strong>Pascal Boyer</strong>. Es antropólogo y colaborador en el <a href="http://www.cognitionandculture.net/index.php?option=com_content&amp;view=frontpage&amp;Itemid=1">International Cognition &amp; Culture institute</a>, donde está <a href="http://www.cognitionandculture.net/index.php?option=com_content&amp;view=article&amp;id=441:institutions-again-what-is-a-primitive-society&amp;catid=57:pascals-blog&amp;Itemid=34">publicado</a> originalmente este artículo.</span></p>
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		<title>Más allá de las creencias</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Apr 2009 12:17:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Siracusa 2.0</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Una vez, mientras la segunda Intifada alcanzaba su punto álgido, me cité con un miembro de Hamás en un hotel de Gaza para hablar de los asesinos suicidas. Había escrito su tesis de maestría sobre el martirologio antes de de ocuparse del futuro del Islam en su doctorado, y había traído su ordenador portátil Toshiba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una vez, mientras la segunda Intifada alcanzaba su punto álgido, me cité con un miembro de Hamás en un hotel de Gaza para hablar de los asesinos suicidas. Había escrito su tesis de maestría sobre el martirologio antes de de ocuparse del futuro del Islam en su doctorado, y había traído su ordenador portátil Toshiba para apoyar sus argumentos en versos del Corán. Poseía una credibilidad inusual y escalofriante sobre el asunto. A diferencia de otros líderes de Hamás, éste había enviado a uno de sus propios hijos a la muerte en un atentado contra un asentamiento israelí. Era un tipo gigantesco, con un taimado sentido del humor. Siempre sospeché que se trataba de uno de los manipuladores de jóvenes más mortíferos de Hamás.</p>
<p>Cuando dije que mi esposa había venido conmigo a Gaza, desde donde estaba informando para el New York Times, insistió en que la hiciese bajar de nuestra habitación. En aquellos momentos se encontraba embarazada de ocho meses de nuestro primer hijo. Para demostrar lo cosmopolita que era, la saludó con un apretón de manos, aunque en teoría el Islam prohíbe a un hombre tocar a una mujer con la que no está emparentado.</p>
<p>Yo seguía pensando en aquel encuentro surrealista –mi esposa embarazadísima, el cortés líder de Hamás, la charla sobre los niños asesinos suicidas– cuando en enero saltó la noticia de que Israel lo había matado arrojando una bomba sobre su casa en el campo de refugiados de Yabalia. Era Nizar Rayyan. Con Taghreed El-Khodary, un intrépido colega del periódico, me había encontrado varias veces con él en aquella casa. Aunque nuestras preguntas eran sobre religión, él solía insistir en que creía en la lucha contra Israel por razones que tenían que ver con este mundo, no el otro. Su familia era refugiada desde la guerra de 1948, y aunque él nunca había vivido en Israel, quería recuperar su hogar ancestral en lo que hoy es Ashkelón.</p>
<p>Tenía una gran seguridad y dominio de las quejas legítimas de su pueblo y era un sofista tan habilidoso como el resto de los líderes de Hamás. Decía que “si tuviésemos armas como las de los israelíes, lo mataríamos de forma aceptable para los americanos. Pero ¿qué esperáis que hagamos si sólo contamos con la bomba de los pobres?”. Para él, los atentados suicidas eran valiosos no sólo porque acababan con israelíes, sino porque confundían a un mundo incrédulo al señalar que “ya no queremos esta vida. Es normal que un ser humano tema lo desconocido”.</p>
<p>Aquel día en el hotel, Nizar Rayyan llevaba un traje verde oscuro, una camisa blanca y una corbata azul y dorada sujetada por un pisacorbatas plateado. Creo que bebía zumo –le gustaba sacarse el pañuelito del bolsillo de la chaqueta con cierta afectación mientras sostenía un vaso en la mano– o eso pensaba yo mientras me explicaba las bases coránicas de los asesinatos suicidas. “Me preocupa que no lo entiendas”, decía.</p>
<p>Me contó que echaba de menos al hijos que había muerto en el atentado contra el asentamiento (tenía 16 años) pero que tenía pensado convencer a otro de sus hijos a realizar un atentado. “Quiero más a mi hogar que a mis hijos”. También planeaba adquirir una cuarta esposa (“me encantan las mujeres”, comentaba con una sonrisa) y tenía el objetivo de llegar a los 50 hijos. Su mentalidad intolerante y su gran imaginación histórica le confería cierta serenidad: “cuando los musulmanes dominaban el mundo, tratábamos a todo el mundo como nos tratamos a nosotros mismos”. Para él, Israel era el martillo de los americanos para fragmentar la sociedad musulmana. Una vez afirmó tajante que tal vez los palestinos tendrían que sacrificar la mitad de su generación más joven para expulsar a los israelíes y gobernar Palestina de nuevo.</p>
<p>Nizar terminó sacrificando a la mayor parte de su propia familia. Sus cuatro esposas y nueve de sus hijos perecieron en el bombardeo del mes de enero enterrados en los escombros de la casa que insistía no era su verdadero hogar. Varios vecinos murieron también. Excepto en una prisión, es muy difícil que uno conozca en su vida a alguien más atrapado que un refugiado de Gaza… Atrapado por líderes como Rayyan, por Israel y por una obsesión mortal por el pasado.</p>
<p>Por <strong>James Bennett</strong>. Publicado en el número de marzo de 2009 de <strong><a href="http://www.theatlantic.com/doc/200903/editors-note">The Atlantic Monthly</a></strong></p>
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		<title>¿Los herederos de Fortuyn? El giro europeo a la derecha</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Apr 2009 22:21:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Siracusa 2.0</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Hojas de Siracusa]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Bruce Bawer. Cuando en los años sesenta surgió la Nueva Izquierda, algo más nació, algo que marcaría a las élites americanas de las décadas posteriores: la idea de que la Europa socialdemócrata occidental era muy superior a los capitalistas Estados Unidos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando en los años sesenta surgió la Nueva Izquierda, algo más nació, algo que marcaría a las élites americanas de las décadas posteriores: la idea de que la Europa socialdemócrata occidental era muy superior a los capitalistas Estados Unidos. Era una pena ver cómo en los congresos académicos europeos los colegas continentales le amargaban la fiesta a cualquier pobre profesor norteamericano,  haciendo comentarios despectivos a propósito de las vergüenzas americanas del momento: Vietnam, el Watergate, Iraq, el racismo americano, la pena capital o la sanidad. Para buena parte de la izquierda americana, Europa occidental no era sino un símbolo abstracto de la utopía progresista.</p>
<p>Es evidente que nunca fue ajustada esta visión rosada de Europa. Por poner solo un ejemplo, la sanidad pública europea estaba fracasando debido a las escandalosas (y a veces mortales) listas de espera y la escasez de recursos. Otro ejemplo: en 2004 el <em>think tank</em> sueco Timbro halló que Suecia era más pobre que todos los estados americanos excepto cinco, y que Dinamarca era más pobre que todos excepto nueve. Además, en los últimos años ha ocurrido algo que complica aún más la fantasiosa visión de la izquierda: la amplia reacción de los votantes europeos occidentales contra la socialdemocracia.</p>
<p>Este cambio tiene dos causas principales y relacionadas entre sí. La más significativa es que en las últimas tres décadas, la elite política, cultural y académica de la Europa socialdemócrata ha gobernado y defendido vigorosamente una vasta ola de emigración del mundo musulmán, el mayor influjo conocido de estas características en la historia humana. Según la publicación Foreign Affairs, en 2005 había entre 15 y 20 millones de musulmanes en Europa occidental. Otra fuente estima que la población de británicos musulmanes se elevó de 82.000 en 1961, a 553.000 en 1981, y a dos millones en 2000, un cambio demográfico brutalmente representativo de lo que ha ocurrido en toda Europa occidental durante este periodo. El diario Times de Londres informa de que el número de musulmanes en el Reino Unido se ha elevado en medio millón de personas entre 2004 y 2008, un ritmo de crecimiento diez veces superior al del resto de la población del país.</p>
<p>Sin embargo, en lugar de fomentar la integración de estos inmigrantes para que se conviertan en parte de sus nuevas sociedades, los estados europeos han permitido que formen sociedades paralelas auto-segregadas gobernadas más o menos de acuerdo con la <em>Sharia</em>. Muchos habitantes de estos enclaves patriarcales subsisten gracias a las ayudas del Estado, poseen un pobre dominio de la lengua de su país de adopción, cuando no lo hablan en absoluto, desprecian el pluralismo democrático, desean la incorporación de Europa a la casa del Islam y apoyan -al menos en espíritu- el terrorismo contra Occidente. Una encuesta publicada en el Sunday Telegraph reveló que el 40 % de los musulmanes británicos deseaba la instauración de la <em>Sharia</em> en Gran Bretaña, el 14% aprobaba los ataques a las embajadas danesas como castigo contra las famosas caricaturas de Mahoma, el 13% apoyaba la violencia contra los que insultan al Islam y el 20% simpatizaba con los atentados de julio de 2005 en Londres.</p>
<p>Con demasiada frecuencia, tales actitudes encuentran la forma de ser puestas en práctica. Bandas juveniles omnipresentes que desprecian a los infieles han convertido las ciudades europeas en lugares crecientemente peligrosos para los no musulmanes, especialmente las mujeres, los judíos y los gays. En 2001, el 65% de las violaciones en Noruega fueron cometidas por lo que la policía del país llama hombres &#8220;no occidentales&#8221;, una categoría  que representa abrumadoramente a los musulmanes, que sólo constituyen el 2% de la población. En 2005, el 82% de los crímenes en Copenhague fue cometido por inmigrantes, la mayoría de ellos musulmanes.</p>
<p>Los no musulmanes no son los únicos objetivos de la violencia musulmana. Una montaña de datos sugiere que las tasas de violencia familiar en estos enclaves son astronómicas. Según informa Der Spiegel, en Alemania &#8220;un porcentaje desproporcionadamente alto de mujeres que huyen a refugios son musulmanas&#8221;; en 2006, el 56% de las mujeres en los refugios noruegos eran de origen extranjero. En 2005 Deborah Scroggins contaba en The Nation que &#8220;los musulmanes sólo suponen el 5,5% de la población holandesa, pero suponen más de la mitad de las mujeres acogidas en refugios para maltratadas&#8221;. Ayaan Hirsi Ali, la activista somalí-holandesa por la democracia y los derechos de las mujeres no dudaría en decir que son mucho más que la mitad. Según ha relatado, cuando trabajaba en refugios holandeses &#8220;en ellos apenas había mujeres blancas&#8221; sino &#8220;sólo mujeres de Marruecos, Turquía, Afganistán -países musulmanes- junto con mujeres indias y de Surinam&#8221;. Cuando en 2004 ella y el cineasta Theo van Gogh intentaban arrojar luz sobre el maltrato a la mujer en la película <em>Submission</em>, éste fue asesinado por un extremista musulmán.</p>
<p>Cada vez son más los ciudadanos de Europa occidental que reconocen esta amenaza contra su bienestar y modo de vida y están dándole la espalda al <em>establishment</em> que ha hecho poco o nada por señalar estos problemas, empezado a votar a partidos, algunos relativamente nuevos y todos considerados derechistas, que se han atrevido a hablar en su nombre. Una medida de las dimensiones de este cambio:  debido al aumento de las palizas perpetradas por jóvenes musulmanes, los gays holandeses, que hace 10 años constituían un bloque consolidado de izquierdistas, ahora apoyan a partidos conservadores en una proporción de dos a uno.</p>
<p>La otra gran razón del giro contra la izquierda es económica. Los europeos occidentales llevaban mucho tiempo pagando altísimos impuestos para mantener una red de asistencia social que cada vez vale menos de lo que cuesta. Estos impuestos han ralentizado el crecimiento económico. En 2005, Johnny Munkhammar, de Timbro, señalaba que en la primera mitad del siglo XX Suecia disfrutaba de la segunda mayor tasa de crecimiento económico del mundo. Ahora ha caído al puesto 14 debido al tremendo incremento de impuestos.</p>
<p>Los ingresos estatales en Europa occidental se destinan mayoritariamente a apoyar a los desempleados, y por ende desincentivan el trabajo. Durante la última década, la tasa de desempleo de la UE-15 se ha movido entre dos y medio y tres puntos por encima que en Estados Unidos. En Francia y Alemania ha ascendido hasta cifras de dos dígitos (y esto fue antes de la crisis financiera global que empezó en 2008). La tasa de desempleo de larga duración en Europa occidental ha sido tradicionalmente varias veces más alta que la de América, algo que denota la presencia de una importante minoría sin trabajo o que trabaja al margen de la ley, a menudo para negocios familiares, a la vez que sigue recibiendo el subsidio por desempleo.</p>
<p>Estos dos factores, la inmigración y la economía, están íntimamente conectados. Mientras que algunos grupos de inmigrantes en Europa, como los indios y los asiáticos orientales, han gozado de tasas de desempleo relativamente bajas y de ingresos abundantes, el grupo inmigrante más grande, los musulmanes, se han convertido en una carga tan pesada que los gobiernos se han visto obligados a recortar de forma importante los servicios públicos para mantener los gastos del Estado de bienestar. Se han cerrado clínicas y unidades de Urgencias, reducido la plantilla de los hospitales, recortando el gasto militar y policial, eliminado la oferta de cursos universitarios, y así sucesivamente. Según un informe realizado el año pasado por el <em>think tank</em> Contribuables Associés, la inmigración reduce en dos tercios el crecimiento económico de Francia. En 2002, el economista Lars Jansson calculó que la inmigración costaba a los contribuyentes suecos alrededor de 27.000 millones de dólares anuales y que hasta el 74% de los miembros de grupos inmigrantes en Suecia no pagaba impuestos. En  2006, la Confederación de empresarios noruegos advirtió a la empresa petrolera del país, que obtiene unos beneficios enormes del petróleo del Mar del Norte, la fuente de la riqueza de la nación, que Noruega podría acabar agotada debido a la cobertura social a los inmigrantes. Hablamos de un país cuyas carreteras, según indica un informe publicado el año pasado, están en peor estado que las de Albania.</p>
<p>Las últimas décadas han dejado tres cosas claras en Europa. Primero, los sistemas socialdemócratas de bienestar funcionan mejor en naciones (preferiblemente pequeñas) étnica y culturalmente homogéneas cuyos ciudadanos, viéndose a sí mismos como miembros de una familia extensa, no están dispuestos a aprovecharse de las provisiones estatales dedicadas a los necesitados. Segundo, el mejor modo de destruir tales sistemas de bienestar consiste en traer un gran número de inmigrantes procedentes de sociedades pobres, opresivas y corruptas, cuyas reglas del juego consisten en arrebatarte cualquier cosa que caiga en sus manos. Y tercero, el sistema perecerá de un modo todavía más rápido si muchos de estos inmigrantes son fundamentalistas musulmanes que contemplan la bancarrota de Occidente como una contribución a la Yihad. Añadan a todo esto el creciente poder de una burocracia que no ha sido elegida por las urnas y que ha estimulado la inmigración musulmana y tomado medidas para castigar las críticas, criminalizando en 2007 la &#8220;incitación al racismo, la xenofobia o el odio en contra de un grupo racial, étnico o religioso&#8221;. Así las cosas, es fácil entender por qué muchos europeos occidentales que valoran sus libertades se resisten al liderazgo de unas elites que no quieren ver los problemas.</p>
<p>Las elecciones generales celebradas en noviembre de 2001 en Dinamarca supusieron el rechazo más decisivo (y exitoso) hasta ahora al <em>establishment</em> izquierdista europeo. Alarmados por un estudio ampliamente publicitado que advertía sobre la evolución del país hacia una mayoría musulmana en 60 años de no variar las tasas de inmigración, los votantes daneses tumbaron a los socialdemócratas por primera vez desde 1924. La nueva coalición de gobierno liberal-conservadora, reelegida en 2005, ha introducido las reformas sobre inmigración e integración más profundas del continente, incluyendo normas diseñadas para impedir la práctica casi universal entre las comunidades europeas de musulmanes de matrimonios de sus hijos con primos extranjeros para que estos también pudieran emigrar a Occidente. El resultado es que el flujo de llegada de nuevos musulmanes ha descendido significativamente, permitiendo al Estado concentrar sus recursos en el inmenso desafío de intentar integrar a los musulmanes que ya viven en Dinamarca. El primer ministro Anders Fogh Rasmussen también defendió con vigor la libertad de expresión durante la crisis de las caricaturas de Mahoma y permaneció firme ante las protestas mundiales de los musulmanes contra Dinamarca y ante las súplicas de otros líderes occidentales para que desistiera de su postura.</p>
<p>Los giros derechistas en Europa más conocidos en los Estados Unidos son el de Alemania, donde Angela Merkel se convirtió en canciller en 2005, y el de Francia, donde Nicolas Sarkozy consiguió la presidencia de la nación en 2007. Estos acontecimientos, así como la victoria de Silvio Berlusconi en Italia en 2008, estaban firmemente enraizados en el reconocimiento público de la necesidad de liberalización económica. Si atendemos a criterios franceses, la retórica de la campaña de Sarkozy fue como poco pasmosa: al afirmar que &#8220;la revolución de 1968&#8243;, un evento sagrado para el <em>establishment</em> izquierdista francés, no había liberado a Francia sino que &#8220;nos condujo hacia el declive moral&#8221;. Sarkozy insistía en que su Francia deseaba garantizar el crecimiento y tenía que pasar menos tiempo en los cafés y más en el trabajo.</p>
<p>Dos países más se han movido hacia la derecha en las proximidades de la valiente y pequeña Dinamarca. En Noruega, el Partido del Progreso, tildado por el establishment político y mediático como racista y económicamente irresponsable, rivaliza en estos momentos con el Partido Laborista, arquitecto del estado del bienestar del país, gracias a las preocupaciones de los votantes sobre la inmigración y los servicios públicos. Aunque la crisis financiera ha ocasionado un descenso en su nivel de apoyo, los recientes disturbios protagonizados por musulmanes y los debates en torno al velo musulmán han vuelto a disparar a este partido en las encuestas, hasta el punto de que  parece una buena apuesta de cara a las próximas elecciones parlamentarias en septiembre. De todas formas, el Partido del Progreso estará en una situación más comprometida si, como parece probable, los demás partidos de centro y derecha rechazan unirse en un gobierno de coalición liderado por él. En Suecia, quizás el último símbolo de la socialdemocracia, los votantes, mayormente preocupados por el desempleo y otros asuntos económicos, desalojaron al poderoso Partido Demócrata en 2006. En su lugar instalaron una coalición centro-derecha liderada por los moderados de Fredrik Reinfeldt, que prometió ayudar a los empresarios y bajar los impuestos.</p>
<p>Demostrando una especie de esquizofrenia específicamente europea, muchos dentro de la izquierda y la derecha se han resistido últimamente a reorganizar el Estado del bienestar pese a reconocer la necesidad de hacerlo, como si el salto filosófico requerido fuese demasiado grande. Después de todo, en Europa occidental incluso la derecha convencional tiende a ser estatista. En 2005 la corresponsal de la Cadena de Radio Pública de los Estados Unidos Sylvia Poggioli señaló que &#8220;el concepto de Estado del bienestar desde la cuna hasta la tumba está tan profundamente arraigado en la mentalidad danesa que ni siquiera los conservadores se atreven a tocarlo&#8221;. Ivo H. Daalder ha defendido el mismo punto de vista en un informe de 2007 para el <em>think tank</em> Brooking Institution. En él escribe que &#8220;cuando se habla sobre la derecha en Europa, se habla de una clase política muy intervencionista que aún cree que el Estado juega un papel fundamental a la hora de guiar la economía como se supone que debe hacerse.&#8221;</p>
<p>En definitiva, no es ninguna sorpresa que los nuevos líderes de Europa hayan llevado a cabo cambios económicos relativamente modestos. Es cierto que Sarkozy ha elevado la edad de jubilación de los funcionarios estatales (provocando una huelga de transporte) y que ha terminado con la jornada francesa de 35 horas de trabajo a la semana.  Pero desde el principio, los socialdemócratas alemanes, aceptados como compañeros de gobierno de Angela Merkel debido a su estrecho margen de victoria, han limitado la capacidad de la canciller para llevar a cabo reformas económicas importantes. En abril de 2008, Judy Dempsey se hacía eco en The Herald Tribune no sólo de que la coalición había &#8220;seguido su curso&#8221;, sino de que la misma Merkel se había visto &#8220;forzada a moverse a la izquierda&#8221;, aumentando las pensiones y dando un paso atrás en la reforma radical del mercado de trabajo, irónicamente introducida por su predecesor socialdemócrata, Gerhard Schröder, con el objetivo de que los ancianos volvieran a trabajar mediante la reducción de las pensiones. En los inicios de la actual crisis económica, el escritor alemán Henryk Broder decía que “incluso se está produciendo un debate en torno a conceptos como expropiación y nacionalización, algo impensable hace un año”.</p>
<p>En cuanto a Suecia, poco después de la victoria electoral del centro-derecha en 2006, los comentaristas económicos Stanley Reed y Ariane Sains parafraseaban a Reinfeldt en el sentido de que “su idea no es desmantelar el adorado Estado de bienestar sueco… eso sería demasiado polémico”. Según me cuenta el pensador social de la Universidad de Lund Jonathan Friedman, la mayor innovación introducida por Reinfeldt ha sido el esfuerzo “parcialmente exitoso” de “sacar a la gente de los subsidios e introducirla en el mercado de trabajo”. La política económica de Reinfeldt incluía privatizaciones, impuestos más bajos y el fomento del espíritu empresarial, medidas que según señala Friedman “comenzaron con el gobierno anterior”.</p>
<p>Mientras tanto, y con la importante excepción de Dinamarca, los nuevos gobiernos no socialistas han dejado la desastrosa política de inmigración e integración de sus predecesores casi intacta. La desafiante retórica de Sarkozy a propósito de los disturbios musulmanes en los suburbios de París suscitó grandes esperanzas un cambio importante. Pero aunque el pasado mes de julio anunció que la inmigración sería uno de los asuntos más importantes de la presidencia francesa de la UE, ha hecho bien poco, incluso en inmigración legal, la mayor parte de la cual consiste en Europa occidental en la importación de cónyuges a través de matrimonios arreglados y a menudo forzados. Sarkozy parece pensar que la creación de puestos de trabajo y otras medidas económicas bastarán para resolver los colosales problemas migratorios de Francia.</p>
<p>Por su parte, Merkel protagonizó un momento brillante cuando insistió en que la compañía de ópera alemana estrenase una producción de 2006 de <em>Idomeneo</em> de Mozart que los líderes musulmanes habían condenado por ofensiva. Pero el enormemente publicitado Plan de Integración Nacional aprobado el año siguiente consistía en medidas insuficientes como el aumento de las clases de alemán financiadas por el Estado, un esfuerzo para que los inmigrantes practicasen deportes, y algo que parece increíble: un programa que se ocupaba de la violencia contra las mujeres, una práctica permitida por el Corán y muy común en las comunidades musulmanas que ofrecen consejos en Internet. A pesar de que la señora Merkel describiera estas políticas patéticas como “un hito”, Broder las califica de forma más precisa como “acciones delirantes”, “otra forma de evitar conflictos en el seno de su coalición de gobierno”.</p>
<p>Para Suecia, Friedman afirma que Reinfeldt ha perseguido &#8220;una variante de la política habitual&#8221; sobre inmigración e integración. Lars Hedegaard, presidente de la Sociedad Internacional para la Libertad de Prensa, insiste en que los esfuerzos suecos para estimular el empleo &#8220;a la larga se demostrarán indudablemente ineficaces&#8221; porque &#8220;el problema fundamental es demográfico. Suecia sigue siendo la mayor importadora europea de inmigrantes musulmanes que no están dispuestos a ser asimilado y cuyos imanes les ordenan detestar la cultura sueca. En tanto y cuanto el gobierno sea incapaz de atacar este problema básico, todo lo demás no servirá para nada”.</p>
<p>Sarkozy ha acometido una iniciativa de perfil alto que parece desastrosamente concebida de un modo muy francés: desarrollar vínculos más formales y cercanos entre Francia y los países árabes de los que recibe la mayor parte de los inmigrantes. Incluso ha llegado a hablar de una &#8220;unión mediterránea&#8221;. Un texto de Michalis Firillas publicado en enero de 2008 en el diario israelí Haartez resume claramente el plan de Sarkozy: &#8220;para algunos, esta unión es una política de contención, para otros es neocolonial.&#8221; Pero también es una apuesta de Sarkozy por la <em>grandeur</em> francesa, esa aura de grandeza que intenta vincular el dispar Mediterráneo en un nuevo y riguroso cuerpo político. Desafortunadamente, quizás encuentre otros con quienes compartir visiones similares de <em>grandeur</em>, desde Ankara a El Cairo pasando por Jerusalén y Tánger, aunque estos tengan sus propias visiones del Mediterráneo&#8221;. De hecho, el plan de Sarkozy  parece una continuación de los esfuerzos de sus predecesores izquierdistas para atraer el mundo árabe hacia la influencia francesa, esfuerzos que terminaron subvencionando la colonización de los suburbios franceses por árabes que ahora los consideran parte del Islam.</p>
<p>El giro europeo a la derecha no sólo no ha contado con resultados concretos, sino que no se ha producido de forma generalizada. En Gran Bretaña, los tories parecen listos a retomar el poder después de la larga decadencia del laborismo. Aunque las diferencias ideológicas entre los partidos se ha estrechado mucho en los años recientes, y el vacío de poder es muy pronunciado, es difícil imaginar que el desalojo de los laboristas conlleve un impacto remotamente comparable al de la elección de Margaret Thatcher en 1979. Al contrario, el columnista conservador Peter Hitchens ha apuntado recientemente que hoy en día &#8220;no puedes gobernar a menos que te inclines por la elite de &#8220;centro-izquierda&#8221;, especialmente la que domina los medios de comunicación&#8221;. Una elite que, como demostró claramente el discurso del año pasado del arzobispo de Canterbury, que contempla la legitimidad de la <em>Sharia</em> en algunos lugares del país, se basa en el apaciguamiento del fundamentalismo islámico.</p>
<p>En un movimiento que ha sido visto mayormente como una capitulación a los islamistas, España respondió a los atentados terroristas de marzo de 2004 en Madrid votando al Partido Socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, quien de forma inmediata retiró las tropas españolas de Irak. El año pasado, Zapatero fue reelegido por un estrecho margen. Según explica el columnista liberal Antonio Golmar, las iniciativas izquierdistas radicales del Zapatero han destruido el consenso centrista establecido tras la introducción de la democracia por parte del rey Juan Carlos I en los años setenta. Entre estas iniciativas figuran la Ley de Memoria Histórica, que presenta a asesinos en masa de izquierdas en la Guerra Civil como heroicos luchadores por la libertad, mientras que estigmatiza a muchas de sus víctimas inocentes como fascistas, así como la introducción en todas las escuelas de clases de &#8220;ciudadanía&#8221; que enseñan el odio al capitalismo y a la democracia representativa.</p>
<p>Como respuesta a esto, algunos españoles han virado hacia una derecha nacional-católica, la ideología protofascista de los tiempos de Franco que cada vez tiene más eco dentro del conservador Partido Popular. En consecuencia, afirma Golmar, &#8220;en España los moderados están atrapados entre una administración de extrema izquierda y sus compinches y el resurgir de una extrema derecha disfrazada con atuendos conservadores e incluso liberales&#8221;. Mientras América se esfuerza en superar sus antagonismos de los años sesenta, España se ha introducido en una batalla ideológica reminiscente de los años que precedieron a su Guerra Civil. No parece que haya mucho espacio para los que detestan tanto a los neo-marxistas como a los neo-reaccionarios.</p>
<p>La situación en España es un recordatorio de que no todos los &#8220;giros a la derecha&#8221; han surgido iguales. Si bien los daneses han afirmado la libertad individual, los derechos humanos, la igualdad sexual, el Estado de derecho y la libertad de expresión y religión, algunos europeos occidentales han reaccionado al multiculturalismo irresponsable de sus líderes socialistas abrazando alternativas que se asemejan peligrosamente al nazismo. Piensen en el recientemente fallecido Jörg Haider en Austria, que minusvaloró el Holocausto, rindió honores a los veteranos de las <em>SS</em> y encontró aspectos admirables en el nazismo. En 2000, su Partido de la Libertad se convirtió en parte de una coalición de gobierno, provocando el aislamiento diplomático temporal de Austria en el seno de la UE. El pasado mes de septiembre, su nuevo partido, la Alianza para el Futuro de Austria, alcanzó el 11% de los votos en las elecciones parlamentarias. También está Jean-Marie le Pen, que definió el Holocausto como &#8220;un detalle en la historia de la Segunda Guerra Mundial&#8221;, abogó por la cuarentena forzosa de las personas que den positivo en el test del VIH, y cuyo Frente Nacional de extrema derecha alcanzó en 2002 el segundo puesto en la primera ronda de las elecciones presidenciales francesas. Por su parte, el Partido Nacional Británico (British National Party o BNP), que sólo admite afiliados blancos y niega rotundamente el Holocausto, alcanzó más del 4% de los votos en las últimas elecciones municipales de Londres. Y por supuesto también tenemos al partido Vlaams Belang (Interés Flamenco), el antiguo Vlaams Bloc, cuyos líderes tienen una penosa tendencia a ser pillados cantando canciones nazis y comprando libros nazis. En 2007, obtuvo 5 de los 40 escaños del Senado de Bélgica.</p>
<p>Para los políticos, periodistas y académicos del <em>establishment</em>, estos partidos sirven un propósito extremadamente útil: su existencia permite tachar a cualquier partido no socialista de fascista, calificándolo como racista y xenófobo, igualando a sus líderes con gente como el Le Pen y Haider y estigmatizando a sus seguidores. Ningún partido ha sido objeto en Europa de ataques más injustos que el Partido del Progreso de Noruega, cuyo extraordinario éxito electoral ha escandalizado a la elite socialista del país. Como otros partidos de lo que llamaríamos la derecha respetable de Europa, el Partido del Progreso se ha distanciado expresamente de formaciones como el Frente Nacional y el Vlaams Belang, si bien estos desmentidos no han impedido que los medios americanos se hagan eco de las injustas calumnias del <em>establishment</em> izquierdista.</p>
<p>Un ejemplo seminal fue un artículo de Marlise Simons sobre Pim Fortuyn publicado por el diario The New York Times en marzo de 2002, que describía en su titular al político holandés como un &#8220;orgulloso gay que hace desfilar a Holanda hacia la derecha&#8221;. Aunque Simons reconocía que Fortuyn criticaba al Islam porque este no ofercía &#8220;igualdad para hombres y mujeres y porque&#8230; los imanes aquí predican sobre los gays en términos ofensivos&#8221;, sin embargo se hacía eco de la caracterización convencional según la cual Fortuyn es una amenaza para los valores holandeses. También se aseguraba de mencionar la habitual comparación con Mussolini y Haider. Pocas semanas después, Fortuyn era asesinado por un fanático.</p>
<p>La misma clase de retórica incendiaria que los holandeses emplearon contra Fortuyn puede verse ahora en la cobertura izquierdista americana de cualquier político o partido europeo que no sea socialista. El comentario de Gary Younge publicado en The Nation en 2007 es típico de esta actitud: &#8220;en Europa, la vieja derecha está llena de odio.&#8221; de acuerdo con Younge, &#8220;la principal amenaza a la democracia en Europa no es el &#8216;islamofascismo&#8217;&#8230; sino el viejo fascismo de siempre. Del tipo que emplean la mayoría de los blancos europeos para aterrorizar a las minorías en las calles&#8221;. Una estupidez que corta la respiración: aunque de hecho el auge de partidos como el BNP sea desasosegador, sigue siendo cierto que, si aplicamos un criterio conservador, por cada acto de violencia anti-musulmana, se producen 100 de violencia musulmana contra los infieles.</p>
<p>¿Quién ganará la guerra por el alma de la Europa occidental? ¿Serán los islamofascistas y sus pacificadores multiculturalistas, muchos de los cuales parecen creer que su trabajo no sólo consiste en defender la democracia sino en facilitar la transición a la <em>Sharia</em>? ¿Acaso los criptofascistas nativistas? ¿O los herederos de Fortuyn, amantes de la libertad? Es interesante comprobar que mientras los europeos se han dirigido en una dirección, los americanos han escogido la contraria, reemplazando al presidente históricamente más detestado por la elite europea por un hombre que esa misma elite ha festejado en un grado sin precedentes, a menudo pintando su elección como un acto místico de expiación para todos los pecados pasados de América, tanto reales como imaginarios.</p>
<p>En consecuencia, la pregunta final es si la condescendencia de la izquierda europea hacia América y el hábito de la izquierda americana de pensar que Europa es un paraíso socialista, podrán sobrevivir a la combinación del giro europeo a la derecha y la elevación de Barack Obama. Agítese con la crisis financiera internacional, que es casi seguro que produzca un levantamiento socieconómico de consecuencias impensables en ambos continentes, y parece razonable esperar que los viejos patrones se quiebren para siempre. Los profesores universitarios norteamericanos no lo pasarán tan mal cuando asistan a alguna fiesta en Europa, al menos hasta que llegue la <em>Sharia</em> y prohíba los cócteles.</p>
<p><span style="color: #888888;">Publicado por </span><span style="color: #888888;"><strong><a href="http://www.brucebawer.com">Bruce Bawer</a> </strong></span><span style="color: #888888;">en <strong><a href="http://online.wsj.com/article/SB124043553074744693.html">Wall Street Journal</a></strong>. </span><span style="color: #888888;"><strong><a href="http://www.brucebawer.com"></a></strong>Bawer es el autor de <em>Surrender</em>: <em>Appeasing Islam, Sacrificing Freedom</em>, (Rendición: el apaciguamiento del Islam y el sacrificio de la libertad) de próxima publicación.<br />
</span></p>
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		<title>Fumo porros y me gusta</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Apr 2009 12:22:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Siracusa 2.0</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Hojas de Siracusa]]></category>

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		<description><![CDATA[Will Wilkinson, investigador de Cato, considera que los consumidores de cannabis deben salir del armario y presionar a la administración para que termine con la guerra contra las drogas. Además, algunos datos sobre recientes despenalizaciones avalan la prudencia política de una medida semejante.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #808080;">Will Wilkinson, investigador de Cato, considera que los consumidores de cannabis deben salir del armario y presionar a la administración para que termine con la guerra contra las drogas. Además, algunos datos sobre recientes despenalizaciones avalan la prudencia política de una medida semejante.</span></p>
<p>El 3 de abril, Cato Institute <a href="http://www.cato.org/event.php?eventid=5887">presentó</a> un informe sobre la despenalización del consumo de drogas en Portugal, aprobada en el año 2001, redactado por el abogado y escritor Glenn Greenwald. El documento, disponible en el <a href="http://www.cato.org/pub_display.php?pub_id=10080">sitio web</a> de Cato Institute, señala que Portugal “es el único país miembro de la Unión Europea cuya legislación establece de forma explícita la despenalización de las drogas. Debido a que han pasado más de siete años desde la entrada en vigor de la despenalización en Portugal, contamos con datos abundantes para que sus efectos puedan ser evaluados”.</p>
<p>El informe analiza el consenso alcanzado sobre esta cuestión, del que sólo se autoexcluyó la extrema derecha, y la popularidad de esta medida entre la mayoría de la población del país, y demuestra que ninguno de los malos augurios de los contrarios a la despenalización se ha hecho realidad.</p>
<p>El consumo de drogas en Portugal sigue estando entre los más bajos de la UE, mientras que las enfermedades relacionadas con el consumo de drogas, tales como las ETS y las muertes por consumo, han descendido de forma drástica. Este fenómeno se atribuye a la oferta por parte del gobierno portugués de tratamientos, algo posible entre otras razones a la propia despenalización.</p>
<p>“Los datos demuestran que, usemos el criterio cuantitativo que usemos, la despenalización en Portugal ha sido un éxito clamoroso”.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>*</strong></p>
<p>&#8220;La respuesta es no, no creo que sea una buena estrategia para que la economía crezca”. Esto decía con cierta guasa la semana pasada el presidente Obama en un foro abierto, cuyo objetivo era responder a preguntas sobre la economía recibidas en la página web de la Casa Blanca. Las más populares tenían que ver con la legalización de la marihuana. “No sé qué dice esto sobre los internautas”, bromeaba el presidente mientras los buenos americanos que asistían a la reunión compartían risas. ¿Qué dice de los internautas? Acaso los defensores de la legalización de la marihuana esperaban que un presidente que una vez fumó dedicara algo de atención a las desastrosas políticas anti drogas de nuestro país, aún estando en medio de la recesión.</p>
<p>¿Han oído hablar de Santiago Meza López? Le llaman “El Sopero”. El pasado mes de enero confesó a las autoridades mexicanas que había disuelto más de 300 cadáveres humanos en ácido. El mercado negro norteamericano de las drogas es muy lucrativo y los traficantes mexicanos están dispuestos a matar a un montón de gente para controlar este mercado y hacerse con sus ganancias. Los cálculos modestos cifran la cifra de víctimas de la guerra entre bandas mexicanas rivales en más de 5.000 personas sólo el año pasado. Cuando matas a tanta gente es difícil saber qué harás con todos esos cuerpos en descomposición. Una forma de hacerlo es llamar al Sopero. Seiscientos dólares por muerto.</p>
<p>¿Saben ustedes que los Estados Unidos de América, el país de los hombres libres, es la nación de la Tierra que mayor proporción de personas pone entre rejas? Gracias en parte a la Guerra contra las drogas, los americanos encierran a más personas en la cárcel que los mafiosos rusos o los “islamofascistas” saudíes. Además, la prohibición de drogas y la política de sentencias judiciales en América golpea sobre todo a los hombres negros pobres, algo que destroza a las familias negras desfavorecidas y a sus comunidades, un contraste tragicómico al logro que supuso la elección de Obama. Todos los meses, departamentos de policía militarizada de todo el país echan abajo las puertas equivocadas, aterrorizan a familias inocentes, disparan contra ciudadanos respetuosos con la ley y a menudo matan al perro.</p>
<p>Así que, ¿de qué se ríe Obama? Para ser justos, en 2004 Obama tildó la Guerra contra las drogas de “completo desastre”. Y es mucho más cabal acerca de los porros que la mayoría de los políticos. En el pasado había exigido la descriminalización de la marihuana, y su Departamento de Justicia ha prometido que la DEA dejará en paz los establecimientos que distribuyen marihuana y que cumplen con la ley de sus estados (sin embargo, los federales acaban de asaltar una tienda de marihuana en San Francisco). Por supuesto que estos días Obama tiene mucho entre las manos. Pero su chanza despreciativa refleja la triste indiferencia hacia el desastroso experimento estadounidense con la prohibición. Esta es una “guerra” que no sólo ha fallado totalmente a la hora de acabar con el mercado de las drogas, sino que de paso ha perpetuado el vergonzoso legado norteamericano de estratificación racial, ha corroído los derechos y la seguridad de los ciudadanos americanos y ha fomentado una guerra civil en nuestra frontera sur debido a la proliferación de mercados de asesinos y liquidación de cadáveres como consecuencia de las drogas. Llamar a esto “desastre total” es quedarse corto.</p>
<p>Barack Obama fumó y se tragó el humo. “El objetivo era tragarse el humo” señaló con inteligencia una vez. Pero Obama también sabe cómo ser elegido presidente. Por desgracia, en estos momentos haber estado bajo los efectos de cierta sustancia segura pero ilegal y estigmatizada como la marihuana continúa siendo un lastre político.</p>
<p>Obama ha dicho que su consumo de drogas en el pasado fue un lamentable error juvenil, y tal vez se lo crea. Pero ¿por qué lamentarlo? Aún así se las arregló para convertirse en presidente, ¿no? Es fácil reírse de la gente que bloqueó la centralita de la Casa Blanca cuando nos los imaginamos como “fumados” cachondos. Y su descripción de los “internautas” reconoce la inocuidad de los consumidores de marihuana a la vez que evita tomarlos en serio. Pero ¿por qué no nos los imaginamos como gente normal motivada por el amor a la libertad, la justicia, la paz, y desde luego, la afición a la hierba? ¿Por qué no pensamos en ellos como profesionales exitosos que sólo se diferencian de Barak Obama en su ambición política?</p>
<p>La marihuana no es mala ni peligrosa. Los científicos han demostrado sus usos médicos. Ha librado a millones de la angustia. Pero el placer ocasional que la marihuana ha proporcionado es con diferencia mucho mayor que el dolor que ha aliviado, y el placer también importa. Probablemente fue por eso que Barack Obama fumó una segunda y una tercera vez: porque le gustó. Y esa es la razón de que decenas de millones de personas fuman con asiduidad a pesar de las leyes mal pensadas que se supone nos salvan de nuestra maldad.</p>
<p>En su blog, Andrew Sullivan, de la revista The Atlantic Monthly, ha estado recabando las historias de americanos típicos y productivos, como entrenadores de fútbol americano juvenil y secretarias del sindicato de profesores, que fuman marihuana porque les gusta, pero que temen, y con razón, salir del “armario del cannabis”. Acabar con esto es una idea muy necesaria. Si debemos replegarnos de la estúpida y letal Guerra contra las drogas, tenemos que terminar con el estigma del consumo responsable de drogas, y la marihuana es el mejor punto de partida. El super sagaz Barack Obama se las arregló para sacar dinero de su salida del armario del cannabis y la cocaína en sus menorias bestseller. Eso es un progreso. Pero su admisión llegó de la mano del matiz político del arrepentimiento. El progreso real llegará cuando gente sólida y sobresaliente salga del armario del cannabis con la cabeza alta.</p>
<p>Así que allá vamos. Me llamo Will Wilkinson, fumo marihuana y me gusta.</p>
<p>- Por <strong>Will Wilkinson</strong>. Publicado en <a href="http://www.theweek.com/article/index/94981/I_smoke_pot_and_I_like_it">The Week</a> el 2 de abril de 2009 y reproducido en <a href="http://www.cato.org/">www.cato.org</a></p>
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