Durban II: ¿Alianza de teocracias?
Por Siracusa 2.0
Marzo 13, 2009
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Del 20 al 24 de abril de este año se celebrará en Ginebra, Suiza, la llamada “Conferencia de Examen de Durban“, conocida como conferencia Durban II, bajo el patronazgo de las Naciones Unidas. Su objetivo consistirá en revisar las promesas de la Declaración y el Programa de Acción de Durban que resultaron aprobadas tras la primera Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas conexas de Intolerancia (Sudafrica, 2001).
Pese a que el documento final de la conferencia fué formulado en términos bastante más moderados, el ambiente generado durante el foro fué abiertamente hostil contra Israel y los EE.UU, lo que terminó precipitando el abandono de estos países. La entonces ministra de asuntos exteriores israelí, Tzipi Livni, llegó a afirmar que “La conferencia no tiene nada que ver con combatir el racismo. A la vista de esta situación, he decidido que Israel no participará y no legitimará la Conferencia Durban II”.
De Bandung a Durban
Distintos intelectuales y activistas mostraron también su preocupación por los acontecimientos. La Liga internacional contra el Racismo y el Antisemitismo lanzó un manifiesto: La ONU contra los derechos del hombre, denunciando la influencia en Durban de una “triple alianza” integrada por la Organización de la Conferencia Islámica, el Movimiento de No Alineados (Cuba, Venezuela, Irán, etc.) China y Rusia. Parecían inaceptables las desequilibradas alusiones a Israel, los EE.UU, o incluso “Occidente”, junto con la demanda de limitar la libertad de expresión para prevenir la “difamación religiosa”. Es preciso recordar que desde 1999 la Organización para la Conferencia Islámica continúa presionando en foros internacionales para que se lleven adelante resoluciones orientadas a “combatir la difamación de las religiones” y que varios países islámicos son firmantes de la Declaración sobre los Derechos Humanos en el Islam (El Cairo, 1990), la cual establece que “Todos poseerán el derecho a expresar líbremente su opinión siempre que no sea contraria a los principios de la Sharia”.
Más que un genuino foro contra el racismo, Durban terminó resucitando la letra y el espíritu de la conferencia afroasiática de Bandung de 1955, la cual, también en nombre de la fraternidad mestiza y de la superior dignidad del “tercer mundo”, inició un prolongado y sombrío periodo de luchas poscoloniales y supuestamente “antiimperialistas”. Del mismo modo, se recuperaba el infame lema de la resolución 3379 aprobada por la asamblea de la ONU en 1975: “Sionismo es racismo”, que sugería una “impía alianza” entre israelíes y racistas surafricanos. Es destacable que los promotores de Bandung también pretendían conocer muy bien y estar de parte de la providencia divina. Sukarno, por ejemplo, incluía la “creencia en Dios” entre los principios fundamentales (konsepsi) del “espíritu indonesio”.
Rupturas en la “comunidad internacional”
Si bien no se conoce íntegramente el borrador de Ginebra, los fragmentos publicados por el diario israelí Haaretz y otros medios (donde llegan a mencionarse las “políticas racistas” de Israel como “una violación de los derechos humanos, un crimen contra la humanidad y una forma contemporanea de apartheid”), permite comprender mejor el boicot de EE.UU, Israel y varios países europeos, entre los que no parece figurar España. Previsiblemente, nuestros representantes parecen mucho más ocupados en su participación en el siguiente Foro Internacional de la Alianza de Civilizaciones que se celebrará también este abril en Turquía, el país cuyo gobierno acaba de censurar un artículo de prensa sobre Darwin o bloqueó la web de Richard Dawkins presionado por grupos religiosos.
No se espera el consenso. Pese a que la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navanethem Pillay, ha intentado aclarar reiteradamente que Durban II “no será un evento antisemita”, de acuerdo con Barack Obama, o el canciller holandés Maxime Verhagen, siguen siendo inaceptables las desequilibradas alusiones a Israel y la demanda de protección especial para la religión en el proyecto de conclusiones de esta conferencia internacional.
Por otra parte, el representante ante la ONU del Vaticano ha indicado que “es necesario seguir adelante con cautela”, un tibio pero previsible seguimiento que podría corroer más las ya tensas relaciones romanas con los representantes israelíes y de distintas comunidades judías sobre todo a raíz de la reconciliación de los obispos lefebvristas antisemitas. Acaso este placet romano, unido a las corrientes “islamocristianas” de la nueva “Santa Alianza” explican el silencio sobre Durban en algunos de los principales medios católicos de opinión en España.
Campaña en Facebook: Contra la participacion de España en la conferencia de examen de Durban (Ginebra, 2009)
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