¿Cristiano? Tal vez ¿Compasivo? A duras penas
Por Paul Varnell
Publicado en Chicago Free Press el 6 de febrero de 2008 y reproducido en Independent Gay Forum el 12 de febrero de 2008.
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David Kinnaman ha visto la luz: “A medida que las nuevas generaciones comiencen a constituir una porción cada vez mayor de la población, los homosexuales obtendrán más derechos y protección –y aceptación general- en nuestra cultura”. Y eso a él no le gusta.
Kinnaman es el director de Barna Group, una empresa que realiza sondeos de opinión entre y sobre cristianos evangélicos, y el autor de Unchristian: What a New Generation Really Thinks about Christianity… and Why It Matters [Descristianizados. Lo que la nueva generación piensa de verdad sobre el cristianismo… y por qué importa].
El estudio se centra en los jóvenes de entre 16 y 29 años, especialmente en los denominados “forasteros”, esto es, ateos, agnósticos, miembros de otras religiones y personas sin iglesia. Según él, este grupo equivale a un 40% de todos los jóvenes. Hace sólo una década, el cristianismo tenía una imagen abrumadoramente positiva entre los jóvenes, incluidos los forasteros. Ahora no: “Nuestros datos más recientes muestran que los jóvenes forasteros han perdido buena parte de su respeto por la fe cristiana”.
El 87% piensa que el cristianismo es sentencioso (“de acuerdo”), mientras que el 75% sostiene que está demasiado metido en política. Un 85% dice que es hipócrita y el 72% que está pasado de moda.
Pero la percepción negativa más predominante es que es “anti-homosexual”. El 91% de los encuestados forasteros dicen que el cristianismo en anti-gay. Es importante señalar que el 80% de los cristianos practicantes piensa lo mismo: “La doctrina no les permite nada a los gays. Al final, uno no puede sino dudar de la honradez o inteligencia de esa gente [los gays].”
“En nuestra investigación, la percepción de que los cristianos están contra los gays y lesbianas, es decir, no sólo que les molesta su estilo de vida –el sexo- sino que albergan miedos irracionales y desdén injustificado hacia ellos, ha alcanzado una masa crítica. El asunto gay se ha convertido en el más importante, la imagen negativa que con más probabilidad se asocia a la reputación del cristianismo.” Esto significa que “ahora una nueva generación de adultos… acepta la homosexualidad como un estilo de vida legítimo.”
El objetivo del libro de Kinnaman es alertar a los cristianos de que su influencia política en el asunto gay disminuirá y que necesitan adoptar una actitud “más amable, más suave”, hacia ellos, por ejemplo conocerlos, conversar con ellos, mostrar compasión y hablarles de Cristo en vez de enfocar la cuestión desde una perspectiva moralista.
No estoy seguro de que la compasión sea lo que los gays esperamos estos días. Lo que la mayoría quiere es aceptación. Pero dadas las reiteradas condenas del “estilo de vida homosexual” (el sexo) por parte de Kinnaman y el resto de autores del libro, los cristianos evangélicos tampoco pueden ofrecer compasión. Ésa es su conclusión y su obsesión.
Pero el Jesús de la Biblia nunca emitió ninguna condena de la homosexualidad. Así que al final los cristianos tienen que dejar de hablar de Jesús y citar la Biblia (el Antiguo Testamento), o usar la más bien amorfa y manipulable “perspectiva bíblica”. Pamplinas.
De modo que los cristianos no tienen nada que ofrecer a los gays a propósito de sus relaciones sexuales. Kinnaman pregunta, como si no lo tuviera claro, “¿Es cierto que los homosexuales tienen profundas necesidades sexuales, igual que el resto de nosotros?”. Y todo lo que ofrece es el celibato. Como otro de los autores de su libro afirma, “¿Y si pudiéramos proporcionarles un sentido íntimo de comunidad y responsabilidad centrado en Cristo para ayudarles en esa búsqueda? Creemos que la respuesta para cualquiera que se sienta humano y amado es la comunidad”. No parece que esto sea lo mismo que lo primero.
Kinnaman se mueve de forma sutil entre unas “primera afirmaciones” inofensivas y unas “repeticiones” ofensivas. Primero dice que los cristianos se oponen a las “bodas religiosas de parejas del mismo sexo”, lo cual es parte de su libertad en una sociedad civil laica. Pero después, cuando se refiere a los legisladores, dice que es importante afirmar que “el matrimonio lo es sólo entre un hombre y una mujer”. Así que no sólo piensa que las iglesias deben prohibir el matrimonio gay, sino que el Estado también debe hacerlo, un asunto diferente.
Asimismo, se niega a debatir el argumento más importante de los gays. Por ejemplo, se opone a la adopción gay afirmando que un niño necesita un padre y una madre. Pero, y dejando aparte las investigaciones sobre la crianza de niños por parte de parejas del mismo sexo, hay en el mundo muchos niños que viven en familias de acogida, así como innumerables huérfanos. ¿Están mejor sin padres que con dos padres gays que los quieren? Kinnaman no quiere responder.
Tal vez el argumento más ofensivo sea que, como señala uno de los autores, “No hay una condena especial a propósito de los homosexuales ni… una severidad especial para los heterosexuales”. O dicho en palabras del pastor Kinnaman, “la lucha de los gays contra su atracción hacia personas del mismo sexo no difiere de la mía contra mi atracción hacia personas del sexo opuesto”.
¡Qué descaro! Todos los cristianos saben que el sexo entre dos heterosexuales en el marco de un matrimonio con amor es perfectamente legítimo, y además recto, de acuerdo con su Dios (Gen. 1:28). La atracción no identificada del pastor hacia su esposa, un miembro del sexo opuesto, posee una forma legítima de expresión sexual, de forma que el deseo (“tentación”) puede ser encauzado. Pero su doctrina no les permite a los gays nada así. Al final, uno no puede sino dudar de la honradez y de la inteligencia de esta gente.
Paul Varnell es columnista del periódico gay Chicago Free Press. También ha trabajado en una fábrica y enseñado literatura en la universidad. Es co-autor de Beyond Queer. Challenging Gay Left Orthodoxy [Más allá de lo queer: Un reto a la ortodoxia izquierdista gay], editado por Bruce Bawer. Sus autores favoritos son Aristóteles, John Locke, David Hume, Alexis de Tocqueville, Friedrich Hayek, Ayn Rand, Karl Popper y Tyler Cowen.
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