Michael Steele: un lider oxidado
Por Siracusa 2.0
Publicado en Advocate.com el 10 de marzo de 2009 y reproducido en Independent Gay Forum
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Las posiciones más conservadoras sobre los derechos civiles de los gays están en vías de extinción también en Norteamérica, a pesar de las últimas reticencias en el partido republicano. James Kirchick nos cuenta la controversia con el primer lider negro del partido, Michael Steele.
Se suponía que Michael Steele, el nuevo presdiente del Comité Nacional Republicano (RNC), iba a traer aire fresco al moribundo Partido Republicano. No sólo es el primer líder negro de su partido, algo que aumenta la diversidad de una organización que consiste mayoritariamente en hombres blancos maduros. De forma más sustancial, su conservadurismo moderado prometía ser la salvación de un partido que necesita desesperadamente una reforma. Steele había sido miembro del Consejo Republicano por la Libertad (Republican Liberty Council), un grupo de republicanos socialmente moderados fundado por Christine Todd Whitman, quien fuera gobernadora de Nueva Jersey, para que las personas partidarias del aborto y de la igualdad de derechos para los gays se sintieran más cómodas en el partido. Por otra parte, Steele no había sentido ningún miedo a la hora de criticar los excesos de los republicanos. Cuando se presentó a senador por Maryland en 2006 bromeaba con la “R” republicana diciendo que era como la letra escarlata.
En su campaña para convertirse en jefe de su partido, Steele se presentó como moderado. Poco después de una reñida elección interna en la que hicieron falta seis votaciones, Steele reconoció que su ascenso constituía una “oportunidad importante” para llegar a los votantes favorables al aborto legal y a la igualdad de los gays. Pero desde que llegó a la cumbre del RNC en enero hasta ahora Steele ha resultado ser una decepción para aquellos que esperaban que moviera su partido hacia el centro, especialmente en asuntos que importan a los votantes gays.
En primer lugar, la discusión bien publicitada de Steele con el presentador de radio conservador Rush Limbaugh. A fin de neutralizar la estrategia coordinada de los demócratas para retratar a Limbaugh como el líder del Partido Republicano, Steele se refirió a él como ocasionalmente “incendiario” y “desagradable” en una entrevista con D.L. Hughley, de CNN. Aunque la observación fuera de pasada, o cierta (ni siquiera el ejército de loros irreflexivos de Limbaugh lo puede negar), el menguante movimiento conservador no hizo ninguna crítica a su ruidoso paladín. Al contrario, dieron la razón a los demócratas cuando corrieron al auxilio de Limbaugh y presionaron a Steele para que se postrase a los pies del comunicador, algo que hizo el republicano.
Pero un ejemplo aún más desesperanzador de la servidumbre de Steele con la anticuada ideología social conservadora fue una observación poco comentada que le hizo a otro comentarista radiofónico de derechas, Mike Gallagher, una semana antes de su bronca con Limbaugh. Preguntado si estaba a favor de las uniones civiles, Steele respondió:
No, no, no. ¿Por qué haríamos algo así? ¿Estás loco? No. ¿Por qué íbamos a apartarnos de uno de los valores fundacionales de este país? Quiero decir, esto no es algo que a uno le guste. No se puede decir: hoy me siento un poco relajado respecto del matrimonio. El matrimonio es un principio fundacional de este país. Es el principio fundacional de una sociedad ordenada. Que sea algo entre un hombre y una mujer no es algo que hayamos decidido en América, y de lo que luego podamos decir: bueno, hemos cambiado de opinión, dejemos que sea entre cualquiera.
Dejando aparte el cruel modo con el que trató el asunto (la verdad es que la cuestión de si las parejas gays comprometidas deben seguir siendo discriminadas por la ley se merece una respuesta más mesurada que preguntarse si la persona que plantea la cuestión está mal de la cabeza), la respuesta de Steele se aleja de las preferencias del electorado americano. Una serie de encuestas realizadas recientemente muestran que más del 60% de los estadounidenses apoyan las uniones civiles o el matrimonio para las parejas homosexuales. Incluso George W. Bush, que lideró el intento de aprobación de una enmienda constitucional en 2004, salió en defensa de las uniones civiles y expresó su desacuerdo con la línea de los republicanos. La mayoría de los analistas sociales están de acuerdo en que el nivel de apoyo a las uniones aumentará de forma significativa con el tiempo, a medida que fallezcan los americanos con visiones más conservadoras de la homosexualidad, mientras aumentará la propoción de votantes americanos más jóvenes y tolerantes, y al mismo tiempo las actitudes generales hacia la homosexualidad se liberalizarán en todos los segmentos de la población.
De manera que no están “locos” los conservadores que exigen moderación a su movimiento en el tema de los derechos de los gays. Exceptuando el debate sobre la deseabilidad del matrimonio gay, pronto la política anti-gay se habrá convertido en un anacronismo y un tema que garantiza la derrota electoral. Algunos, como el antiguo redactor de discursos de Bush David Frum, un reformista, se han dado cuenta de ello y piden un enfoque más indulgente en temas sociales, particularmente en el matrimonio gay (una confesión: yo soy uno de los colaboradores de la página web de Frum, NewMajority.com). Sin embargo, los conservadores dispuestos a cuestionar la postura de su partido sobre la igualdad de derechos han sido atacados de forma despiadada. Además, existen pocas señales de que sus opiniones vayan a influir en el grueso de los dirigentes republicanos.
El pasado mes de noviembre, las encuestas a pie de urna revelaron que un 27% de los votantes que se identifican como gays votaron a McCain, no a Obama (el número real de gays que votaron al Partido Republicano debe de ser mayor, dado que muchos votantes no salen del armario delante de un encuestador). En un año desastroso para los republicanos, los gays fueron el único grupo cuyos miembros aumentaron su nivel de apoyo a ese partido si lo comparamos con el de 2004. Hubo buenas razones para ello, dado que McCain se opuso de forma valiente a la enmienda constitucional para prohibir el matrimonio gay y fue el primer candidato presidencial republicano que concedió una entrevista a un medio de comunicación dirigido a los homosexuales. También parecía más amable que sus predecesores en asuntos políticos que afectan a los gays. A cambio de este apoyo, ahora nos topamos con un presidente del Comité Nacional Republicano que promete un movimiento más amplio pero que en realidad lo estrecha. El paulatino declive del Partido Republicano como formación política nacional no hace sino reflejar esta actitud.
James Kirchick es miembro del equipo editorial del semanario The New Republic, columnista de la revista The Advocate y comentarista de Politico. Ha trabajado como reportero en los diarios New York Sun, New York Daily News y The Hill y escrito para Los Angeles Times, The Wall Street Journal, The Boston Globe Magazine y The Weekly Standard. En 2006 recibió el premio a la excelencia concedido por la Asociación de Periodistas Gays y Lesbianas y en 2007 fue nombrado Periodista del año por la misma organización. Es licenciado en Historia por la Universidad de Yale y Máster en Historia y Ciencia Política.
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[...] de un asunto generacional (y por tanto, cuestión de tiempo) la normalización legal del matrimonio entre personas del mismo [...]
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