Siracusa 2.0 » Hojas de Siracusa » Más allá de las creencias

Más allá de las creencias

Por Siracusa 2.0

Abril 30, 2009

Compartir:

Una vez, mientras la segunda Intifada alcanzaba su punto álgido, me cité con un miembro de Hamás en un hotel de Gaza para hablar de los asesinos suicidas. Había escrito su tesis de maestría sobre el martirologio antes de de ocuparse del futuro del Islam en su doctorado, y había traído su ordenador portátil Toshiba para apoyar sus argumentos en versos del Corán. Poseía una credibilidad inusual y escalofriante sobre el asunto. A diferencia de otros líderes de Hamás, éste había enviado a uno de sus propios hijos a la muerte en un atentado contra un asentamiento israelí. Era un tipo gigantesco, con un taimado sentido del humor. Siempre sospeché que se trataba de uno de los manipuladores de jóvenes más mortíferos de Hamás.

Cuando dije que mi esposa había venido conmigo a Gaza, desde donde estaba informando para el New York Times, insistió en que la hiciese bajar de nuestra habitación. En aquellos momentos se encontraba embarazada de ocho meses de nuestro primer hijo. Para demostrar lo cosmopolita que era, la saludó con un apretón de manos, aunque en teoría el Islam prohíbe a un hombre tocar a una mujer con la que no está emparentado.

Yo seguía pensando en aquel encuentro surrealista –mi esposa embarazadísima, el cortés líder de Hamás, la charla sobre los niños asesinos suicidas– cuando en enero saltó la noticia de que Israel lo había matado arrojando una bomba sobre su casa en el campo de refugiados de Yabalia. Era Nizar Rayyan. Con Taghreed El-Khodary, un intrépido colega del periódico, me había encontrado varias veces con él en aquella casa. Aunque nuestras preguntas eran sobre religión, él solía insistir en que creía en la lucha contra Israel por razones que tenían que ver con este mundo, no el otro. Su familia era refugiada desde la guerra de 1948, y aunque él nunca había vivido en Israel, quería recuperar su hogar ancestral en lo que hoy es Ashkelón.

Tenía una gran seguridad y dominio de las quejas legítimas de su pueblo y era un sofista tan habilidoso como el resto de los líderes de Hamás. Decía que “si tuviésemos armas como las de los israelíes, lo mataríamos de forma aceptable para los americanos. Pero ¿qué esperáis que hagamos si sólo contamos con la bomba de los pobres?”. Para él, los atentados suicidas eran valiosos no sólo porque acababan con israelíes, sino porque confundían a un mundo incrédulo al señalar que “ya no queremos esta vida. Es normal que un ser humano tema lo desconocido”.

Aquel día en el hotel, Nizar Rayyan llevaba un traje verde oscuro, una camisa blanca y una corbata azul y dorada sujetada por un pisacorbatas plateado. Creo que bebía zumo –le gustaba sacarse el pañuelito del bolsillo de la chaqueta con cierta afectación mientras sostenía un vaso en la mano– o eso pensaba yo mientras me explicaba las bases coránicas de los asesinatos suicidas. “Me preocupa que no lo entiendas”, decía.

Me contó que echaba de menos al hijos que había muerto en el atentado contra el asentamiento (tenía 16 años) pero que tenía pensado convencer a otro de sus hijos a realizar un atentado. “Quiero más a mi hogar que a mis hijos”. También planeaba adquirir una cuarta esposa (“me encantan las mujeres”, comentaba con una sonrisa) y tenía el objetivo de llegar a los 50 hijos. Su mentalidad intolerante y su gran imaginación histórica le confería cierta serenidad: “cuando los musulmanes dominaban el mundo, tratábamos a todo el mundo como nos tratamos a nosotros mismos”. Para él, Israel era el martillo de los americanos para fragmentar la sociedad musulmana. Una vez afirmó tajante que tal vez los palestinos tendrían que sacrificar la mitad de su generación más joven para expulsar a los israelíes y gobernar Palestina de nuevo.

Nizar terminó sacrificando a la mayor parte de su propia familia. Sus cuatro esposas y nueve de sus hijos perecieron en el bombardeo del mes de enero enterrados en los escombros de la casa que insistía no era su verdadero hogar. Varios vecinos murieron también. Excepto en una prisión, es muy difícil que uno conozca en su vida a alguien más atrapado que un refugiado de Gaza… Atrapado por líderes como Rayyan, por Israel y por una obsesión mortal por el pasado.

Por James Bennett. Publicado en el número de marzo de 2009 de The Atlantic Monthly


Comentarios

  • Antonio dice:

    Habrá paz en la zona el día que los palestinos amen a sus hijos más de lo que odian a los judíos.
    - Golda Meir

Puedes dejar un comentario. Recuerda que están moderados y que nos reservamos el derecho de eliminar a posteriori los comentarios que creamos convenientes para mantener las buenas formas.