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¿Está perdiendo fuerza el Movimiento Conservador?

Por Siracusa 2.0

Mayo 15, 2009

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Percibo un deterioro intelectual en el un día vivo movimiento conservador de los Estados Unidos. Tal como explicaré, puede que esto represente el testamento de su éxito.

Hasta fines de los años sesenta (cuando yo andaba por los ventitantos), apenas era consciente de la existencia de un movimiento conservador. Entonces era oscuro y marginal, simbolizado por figuras como Barry Goldwater (masacrado por Lyndon Johnson en las elecciones presidenciales de 1964), Ayn Rand, Russell Kirk y William Buckley, figuras que no me atraían. Pensadores conservadores más potentes, como Milton Friedman y Friedrich Hayek, así como otros distinguidos economistas conservadores, como George Stigler, estaban dentro de la escena, pero no eran bien conocidos fuera de la profesión de economista. El desorden doméstico de fines de los sesenta, los excesos de la “Gran Sociedad” de Johnson, los avances significativos en la economía de la regulación y el antitrust, la “estanflación” de los setenta, y la creencia (que resultó equivocada) de que la Unión Soviética estaba ganando la guerra fría, todos estos desarrollos estimularon el crecimiento de un movimiento conservador variado y vibrante, que finalmente alcanzó el éxito elecoral con la elección de Ronald Reagan en 1981. El movimiento incluía la economía del libre mercado asociada con la “Escuela de Chicago” (y en consecuencia con la desregulación, la privatación, el monetarismo, los bajos impuestos y el rechazo de la macroeconomía keynesiana), el “neoconservadurismo” en el sentido de un ejército fuerte y el rechazo del internacionalismo liberal, el conservadurismo cultural, incluyendo el respeto por los valores tradicionales, la resistencia al feminismo, la acción decidida, y una línea dura con el crimen.

El apogeo del movimiento conservador estuvo marcado por el fín de la guerra fría, el colapso de la Unión Soviética, el surgimiento de una prosperidad planetaria que marcó el triunfo global del capitalismo, las políticas esencialmente conservadores, especialmente en economía, de la adeministración Clinton, y finalmente la elección y los primeros años de la administración Bush. Pero existían signos no sólo de que había llegado a la cumbre, sino también del comienzo de su declive. A medida que el conservadurismo crecía en estridencia y populismo los lideres intelectuales conservadores envejecían y morían (Friedman, Hayek, Jeanne Kirkpatrick, Buckley, etc.) otros se volvían más callados o menos activos con la edad (como Robert Bork, Irving Kirstol y Gertrude Himmelfarb), y sus sucesores carecían de la misma repercusión pública.

Hacia el fin de la administración Clinton, yo estaba satisfecho de celebrar el triunfo del conservadurismo tal y como lo comprendía, y no tenía ningún deseo de aumentar los cambios en la estructura económica y social de los Estados Unidos. No veía ninguna necesidad de abolir el impuesto estatal, de reducir el impuesto sobre la renta, de debilitar el gobierno, de favorecer el “originalismo” en la ley constitucional en perjuicio del pragmatismo, de aumentar el derecho de los propietarios de armas, de reforzar nuestra posición militar, de resistir al auge de los derechos de los homosexuales, o de expandir el papel de la religión en la esfera pública. Pero el nuevo conservadurismo que alcanzó su punto álgido con la reelección de Bush terminó abrazando todas estas causas.

Quiero insistir en el declive intelectual del conservadurismo, y es notable constatar que las políticas de este nuevo conservadurismo fueran reforzadas en buena medida por la religión y por la emoción, y que en su mayor parte poseyeran débiles fundamentos intelectuales. No es sorprendente que unas políticas tan débiles en su concepción hayan fracasado claramente en su ejecución. Los peores golpes contra el cosnervadurismo que han culminado en la elección y en los programas de Obama son: el fracaso de la fuerza militar para alcanzar los objetivos de la política exterior estadounidense, la inanidad de tratar de sustituir el intelecto por la voluntad, como en el caso de la negación del cambio climático, la utilización de criterios religiosos para seleccionar a los funcionarios públicos, el rechazo de la administración experta en el gobierno, la continua preocupación con el aborto, la incontinencia fiscal en forma de déficits presupuestarios masivos, el plan médico sobre las drogas, un exceso de deuda externa y la inflación.

A fines de 2008, Sarah Palin y Joe el fontanero se han convertido en los rostros del partido conservador. Los intelectuales conservadores no tienen partido.

Y entonces llegó el crash financiero del pasado septiembre y la consiguiente depresión. Estos eventos traumáticos e imprevistos han expuesto una significativa debilidad analítica en las creencias fundamentales de los economistas conservadores con respecto al ciclo de negocios y la macroeconomía en general. El monetarismo friedmanita y la teoría de las finanzas basadas en la teoría del mercado eficiente ha recibido varios golpes duros, mientras regresa un respeto renovado por el pensamiento macroeconómico de John Maynard Keynes, la bestia negra de los conservadores.

Existen signos de exceso progresista en las politicas y los planes de la nueva administración. Sin duda serán el blanco de la crítica conservadora mejor informada. En el momento en que escribo esto, sin embargo, el movimiento conservador se encuentra en su momento más bajo desde 1964. Pero con esta diferencia fundamental: el movimiento ha tenido éxito en cambiar el centro de la política americana y del pensamiento social, de modo que durante un rato puede permitirse descansar en sus laureles.

- Por Richard Posner. Publicado originalmente en The Becker-Posner blog.


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